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miércoles, 4 de octubre de 2017

Pocos elementos protegidos, muy pocos

¡Qué olvidado te tengo, blog! Necesito escribir, expresar lo que siento al ver caer desde hace unos días otro particular edificio más... Hoy me inspira el edificio de La Tienda Nueva.


Sigo viendo casas que, al no estar habitadas, están condenadas a perecer. Ya perdieron su alma el día que sus inquilinos hicieron la maleta, y ese día fueron huérfanas de la ruina.


Y sigo repasando el catálogo de edificios protegidos, me sonrojo, me alarmo. Son pocos, muy pocos y, además se permite demoler.
Así sólo conseguiremos que éstos se vuelvan unos edificios aislados, amenzados por construcciones cercanas no armónicas. De nada sirve presumir de historia (de casco "antiguo") si no cuidamos
edificios populares, simples y pobres en sus materiales, pero singulares, personales, propios, NUESTROS. Debemos cuidar algunos elementos y cuidar lo que se construye a su alrededor.


Proteger más edificios, o, mejor diría, proteger entornos: no está protegida la calle de las Fuentes (sí, la calle, su tipología), o viviendas que son de finales del siglo XX pero que por su singularidad merecen algo mejor, y lo digo así de claro: protectores mejores. O viviendas que antes estaban aisladas entre las huertas y ahora son amenazadas por mastodónticos edificios a su alrededor.

Y es sencillo y sin mucho esfuerzo dar un cambio de urbanismo:

  • primero: cambiar el concepto "urbanismo" por "paisaje urbano".
  • segundo: actualizar ese catálogo que se incluye en las Normas Subsidiarias de Urbanismo y que data de 1987. Algunos edificios que se obviaron entonces y algunos construidos desde entonces merecerían dicha protección: casas medievales con elementos particulares (como las ventanas conopiales de calle Argensola y plaza del Mercado, o aleros en otras muchas); bodegas (Sommos, Viñas del Vero, Lalanne...), algunas villas de campo (Amparo, Elena, Rosario...), toda la plaza del Mercado y un largo etcétera que habría que reflexionar.


Los criterios de urbanismo, de protección, de restauración, han cambiado y mucho desde hace 20 años. Todo ha cambiado. Actualicemos lo que queremos que sea nuestra ciudad pero sin perder su esencia, lo que la hace única. Protejamos los entornos.


lunes, 1 de julio de 2013

Malas noticias...

No por esperada deja de ser sorprendente. Sólo tenemos que pasear por nuestras ciudades y pueblos para ver que hay muchos monumentos a punto de desaparecer.
Escandaloso cuando muchas veces la actuación a realizar supondría una mínima inversión y más escandaloso justificar la desidia cuando son verdaderas joyas.

Me hago eco de esta noticia publicada este fin de semana en Heraldo de Aragón, cuyo contenido transcribo a continuación. Este texto me hace recordar Averly, la fábrica Zaragozana, ahora en pleno corazón de la ciudad, que se detuvo en el tiempo. Su casona, su jardín de época, sus chimeneas... un encanto en definitiva amenazado por la especulación.


El patrimonio aragonés es el principal protagonista de la Lista Roja de Hispania Nostra, asociación que vela por mantener en el mejor estado posible el patrimonio español.

Castillos derruidos, iglesias sin techo, o torres sin altura protagonizan esta especie de álbum de la desidia que busca "poner delante de la opinión pública el mal estado en el que se encuentran muchos de los restos patrimoniales de nuestro país", según cuenta su vicepresidente, Carlos Morenés.

La asociación, única de este ámbito a nivel nacional, trabaja desde finales del 2007 con esta "Lista Roja" de restos en peligro debido a su abandono o a la mala praxis llevada a cabo en su conservación. Un punto de encuentro en definitiva de monumentos "con serias posibilidades de perderse para siempre" que la asociación cataloga y expone gracias a la colaboración de otras organizaciones de carácter local.

Con 30 monumentos, la provincia de Zaragoza es la que más restos tiene registrados en la lista, seguida de Palencia y Huesca, que es tercera con 23. Sin embargo, este 'liderazgo' no significa "literalmente que Aragón sea la comunidad que menos cuida su patrimonio", explica Morenés.


"La lista no es un ranking ni una una forma de acusar a nadie, simplemente busca trasladar a la sociedad la situación de algunos vestigios de nuestro pasado", cuenta el vicepresidente de Hispania Nostra, que entiende que la gran cantidad de restos registrados en Aragón también se debe "al enorme número de asocaiciones preocupadas por este tema" -un total de 30 colaboran con Hispania Nostra desde Aragón- y el "enorme" conjunto patrimonial que posee la comunidad.

Sin embargo, para APUDEPA, una de las organizaciones colaboradoras, la "desidia y la falta de planificación de la Administración" es otro de los ingredientes que provocan esta situación. "Es cierto que en Aragón somos muy activos, pero hay otras regiones donde también y ni de lejos se llegan a estas cifras", explica el presidente de APUDEPA, Carlos Bitrián.

Un paseo por la lista roja
Entre los monumentos que recoge la lista de Hispania Nostra, en Zaragoza destacan el Castillo de Maella, la ermita gótica de Santa Quiteria, en Encinacorba, o el amurallamiento de Calatayud, catalogados todos ellos con distintos grados de protección que van desde la distinción como Bien de interés cultural hasta el reconocimiento como conjunto Artístico-Histórico.

En Huesca, castillos y pequeñas iglesias se reparten a partes iguales los puestos de la lista, dibujando un mapa "del despoblamiento muy elocuente" para APUDEPA. Y es que la asociación con sede en la Universidad de Zaragoza entiende que otros de los puntos flojos de la administración en este ámbito es que se olvida de los restos que se encuentran en los territorios despoblados.
"Falta de planificación"
"Falta claramente una hoja de ruta" explica Bitrián, que lamenta que la administración dé preferencia a monumentos "visibles" y deje perder a otros que "forman parte del sustrato más antiguo de Aragón".

Uno de estos monumentos que cuentan parte de la historia del comienzo de Aragón es la iglesia San Vicente Mártir de Villanúa, edificada en el siglo XI, y que ha perdido su techumbre. Propiedad de la Obispado de Jaca, el santuario se encuentra actualmente en estado de prerruina, sin que el Gobierno pueda intervenir de primera mano.

Y es que, según la administración, los propietarios privados y las diócesis a las que pertenecen muchos de estos monumentos son los principales responsables del estado de éstos, sin que el Gobierno pueda hacer nada "más allá de instar a su protección".

"Desde Patrimonio establecemos una serie de prioridades de intervención, pero hay restos en los que no tenemos capacidad para hacerlo directamente, ya que son propiedad directa de ayuntamientos, o de particulares".

Quizá esta incapacidad del Gobierno para impedir el deterioro de una buena parte del patrimonio aragonés sea uno de los detonantes del "paso adelante" que está tomando la ciudadanía con respecto a estos casos, según explica el vicepresidente de Hispania Nostra.

Para Morenés, "en los últimos años se está creando una conciendia menos egoísta, y más solidaria en torno al patrimonio, que en el caso del patrimonio ha llevado a mucha gente a organizarse para defender lo que consideran suyo", trazando una idea que representa fielmente la fundación 'Amigos de Averly', que ha hecho que la antigua fundición zaragozana sea uno de los últimos conjuntos añadidos a la lista.

"En Aragón tiene que cambiar mucho la política territorial" reclama Carlos Bitrián, que entiende que la falta de dinero actual haga que se recorte el presupuesto en temas patrimoniales, pero asegura que "de haberlo tampoco habría un plan a seguir".

Mientras tanto, estos restos se debaten entre el abandono y el reconocimiento, al tiempo que esperan una actuación para abandonar un listado que, en palabras de APUDEPA "revela el preocupante estado del patrimonio aragonés".

http://www.heraldo.es/noticias/aragon/2013/06/29/zaragoza_huesca_lideran_lista_roja_patrimonio_peligro_hispania_nostra_240002_300.html 







NOTAS:
- Fotografía antigua: El Periódico de Aragón.
- Fotografías actuales: Blog de Daniel Pérez.

lunes, 8 de abril de 2013

Manos a la obra... los niños que jugaron

Parece mentira, o verdad... Manos de voluntarios están limpiando el entorno de la Virgen del Plano. Ayer domingo, convocados y animados por un joven barbastrense -que aún no es ni mayor de edad-, un buen número de aquellos antiguos niños que allí jugaron, fueron a la ermita para realizar tareas de limpieza.

También se unieron vecinos del barrio cercano de Santa Bárbara, que ya reivindicaron el estado de esta ermita y su entorno con su carroza en el Pasacalles del Pregón del año pasado.

Humildes manos con grandes intenciones.


Transcribo el texto que El Cruzado Aragonés ha publicado en Facebook:
La “quedada” organizada por Pili Toro y Pablo Jurado a través de redes sociales, el “boca a boca” y la cartelería, reunió ayer a 65 personas, de todas las edades, para limpiar los alrededores de la emita de la Virgen del Plano, dependencias de la iglesia -lo que queda de ella- cocinas y 78 de las 112 escaleras de acceso a la antigua “pasarela colgante” sobre el río Vero. El balance de la jornada dejó 5.000 kilos de escombros entre interiores y exteriores, dos contenedores llenos de basuras y montones para tres más, numerosos “fajetes” de ramas secas, 65 tablones y maderas extraídas del interior y alrededores. En la escalinata de acceso a la pasarela colgante se aprecian las referencias comerciales de quienes pagaron cada peldaño gracias a la paciencia en tareas de cortar hierbas, limpiar y talar dos árboles caídos que impedían el paso.

Y a mí me deja una pregunta que me la estoy haciendo muy, muy a menudo: ¿Dónde fue el dinero de las vacas gordas? ¿Por qué se ha de llegar a este grado de dejadez para actuar? 

Fotografía: El Cruzado Aragonés. 
Fecha: 08/04/2013
Nota: Existe en este blog una entrada sobre el estado de esta ermita del 25/07/2010 - http://aqui-hubo-barbastro.blogspot.com.es/2010/04/la-ermita-de-el-plano-excursion-ninguna.html

viernes, 4 de enero de 2013

Aún nos quedan oasis

Quiero compartir, en estos primeros días del año, un texto que escribí en diciembre del año 2007. Veo que todavía sigue vigente... Feliz año.


AÚN NOS QUEDAN OASIS
Todavía conserva Barbastro esos pequeños oasis que acomodan al que los habita y al que viene de paso, a uno en su quehacer diario, al otro en su descubrimiento de lugares y gentes.
Oasis a los que me gusta llamar rincones. Sí, rincones. Allí donde aparece lo extraviado, donde el niño pequeño se esconde y crea su mundo, donde se acumula el polvo con el paso del tiempo, donde se amontonan los recuerdos en trastos viejos de los que cuesta desprenderse.
Si un forastero pidiera consejo para qué visitar, me quedaría pensando en mis particulares rincones. Recordaría la Catedral, San Francisco y su fuente, la Plaza del Mercado y hasta la Peñeta. Pero por encima de todos éstos que aparentan ser inmortales -y recalco: aparentan-, me vendrían al recuerdo otros oasis más placenteros: las sensaciones. En invierno el olor a estufa de leña, cruzando el recio Puente del Portillo cubierto por una espesa niebla entre sus barandas de cemento. La primavera se vería envuelta por el viento, y éste crearía nuevos sonidos azotando oliveras y carrascas y llevando consigo el sonar de los tambores que anuncian la Semana Santa. En verano, el frescor de la sombra en un paseo por el zigzaguear de los Tapiados e incluso la humedad del musgo y el salpicar de sus manantiales. Y así, tantas sensaciones como días tienen las estaciones que me gustaría compartir con ese hipotético forastero.
Pero los sentidos están ligados a la imaginación y de esa sensibilidad cada uno sabe lo suyo. Los sentidos despiertan a la imaginación, y ésta motiva a los anteriores. Tan personal que es tarea difícil compartirlo. Sólo un buen escritor o un buen contador de historias sabría hacerlo. Y nuestros mayores lo consiguen. Nos hacen partícipes de sus vivencias, de sus peripecias en esos rincones de Barbastro. Hasta darnos cuenta que, pese a lo fugaz de la vida, hay legados, herencias que nos dejan para su recuerdo. Quizás no sentiremos lo que ellos, pero nos han transmitido esos lugares ofrecidos ahora a nuestros sentidos y nuestra imaginación.
Deberíamos lamentarnos de perder con los años esa capacidad propia de imaginar, pero más debería dolernos el acabar con los pequeños detalles, los rincones que mueven el motor de los sentidos. Si bien la merma de facultades es irremediable, sí que podemos poner los medios para evitar acabar con los lugares, rincones, oasis o como queramos llamarlos. Y no hay excusa ni resignación sino la capacidad de imaginar otras soluciones y así crear nuevos rincones: imaginar soluciones no es soñar lo inalcanzable, sino poner en práctica soluciones imaginativas.
Soluciones que hubieran evitado acabar, por ejemplo, con la Estación del Ferrocarril imaginando un vial en un sentido delante y otro en sentido contrario detrás de la misma, rodeando sus escaleras de vegetación y con su elegante palmera, como en el mejor de los oasis.
Soluciones que se han de poner en práctica para que lo práctico no sea agrandar, alinear, destruir, sino conservar y adaptar a nuevos usos. Soluciones para el siguiente oasis en riesgo: los Tapiados.
Mientras unos imaginan, donde antes pisaban las vías del tren, sendas verdes en las que pasear tranquilamente a pie o en bicicleta, otros parece que preferimos ver estos y otros lugares agonizar, morir. Es inaceptable ser espectadores de la piqueta. Los Tapiados, en su agonía como mero paso de coches a los huertos o a las fincas, reclaman que los imaginemos como una vía donde convivan motor y paseo. Reclaman ser una vía de un solo sentido. Reclaman a nuestra imaginación un puente desde la Cospillera al Campo San Juan para unir con un vial la faraónica rotonda de Las Huertas de Suelves con la antigua entrada a Barbastro bajo las Capuchinas. Unir Barrios.
Los Tapiados, en su personificación, prefieren seguir viejos pero dignos, con esencia. Piden seguir viendo pasear a los barbastrenses junto a la hierba de su senda y acompañarlos hasta su huerta o a visitar a su viejo amigo el Puente de Santa Fe, con el que querría ser recordado no por la amenaza que hoy les acecha (*), sino para otros menesteres.
Protección en todo caso para estos viejos amigos que nos hablan, al igual que nuestros abuelos, de tiempos pasados. De lo que aquí hubo. Una voz que nos reconforta. Como un oasis en el desierto.

(*) Se está elaborando un plan urbanístico para mejorar el trazado del Camino de los Tapiados que acabará con los muros que le dan nombre.
***
En esta entrada, me permito añadir varias imágenes que hacen un recorrido visual por los Tapiados, tomadas en este último año 2012.







sábado, 29 de septiembre de 2012

El patrimonio escondido

En los días de verano los turistas parecen vagar bajo el sol. A veces perdidos... levantan la mirada, observan las casas, los aleros, los detalles que a los que "habitamos" muchas veces nos pasan desapercibidos.

Hay dos detalles en la actitud de los turistas que, por habituales, me sorprenden. Uno es cuando entran en la iglesia de San Francisco de Asís: abren la puerta, dan un vistazo general pero no entran, no investigan las capillas y menos las que más valor tienen (las más escondidas): se quedan con una visión general. El otro detalle es que ese arte les pasa desapercibido porque no lo ven o porque se lo escondemos.




Un ejemplo de esto último es la fuente de San Francisco, junto a la Iglesia. Una de las mejores de Aragón y otra más que agoniza con la enfermedad de la piedra. Sí, ha pasado alguna restauración, pero se olvidaron de restablecer algunas piedras... y el mal la está deshaciendo convirtiendo lo que fue tierra compacta, piedra, en sólo tierra... Además una higuera nace de sus grietas, se abre paso, revienta su débil estructura.

En la primera década de este siglo, alrededor del año 2008, el Ayuntamiento hizo una gran intervención en las riveras de la canalización del río Vero, que afectó a puentes, plazas y calles cercanas. Incluso a la fuente que hoy me ocupa y preocupa. El arquitecto le diseño alrededor un anfiteatro que permitiera mayor visibilidad, pero con la intervención de Parques y Jardines se plantó en el mismo un pastiche de plantas, flores, etc. que ahogó dicha visibilidad. Quizás con alguna especie vegetal que cubriera dicho anfiteatro con un manto verde y una barandilla de seguridad alrededor, hubiera bastado.

Ahora nos encontramos ocultando dicha fuente. Dando una imagen de dejadez por la higuera que comenté y porque las plantas que la rodean necesitan mucho mantenimiento y cuidado, que no tienen, y la limpieza escasea... y el drenaje falla (faltaría un buen sumidero)... y la iluminación monumental brilla por su ausencia...

Ausencia como parece tener la fuente de San Francisco para muchos...


martes, 26 de octubre de 2010

MaraVillas de la Belle Époque


Cuentan que la elegante dama vino en el último tren del siglo XIX. Había bajado de uno de aquellos ruidosos convoyes de vapor que, cargados de aires de otras estaciones, llegaban con receloso retraso. Trenes y pasajeros que daban vida a las muertas vías de la capital del Vero.

La ciudad, aunque acostumbrada al paso de forasteros y comerciantes, sentía especial recelo hacia aquella mujer vestida de finas puntillas, orgulloso sombrero y práctica sombrilla. Recelo porque parecía decidida a quedarse y a revolucionar a las mozas de bastos delantales, pesados cántaros e inmensos canastos de ropa que lavar de rodillas.
Apodaban a aquella optimista dama la Belle Époque.

Nada más llegar destapó su frasco de aromas afrancesados, impregnando los alrededores de la ciudad y motivando los sentidos de sus habitantes. A todos agradaba ese olor a modernidad con un toque ácido, a la vez que reposado. Los barbastrenses, inmersos en sus quehaceres, sentían estos aromas distintos, ideales para salir de la rutina diaria.
La Belle Époque salía, al atardecer, por los caminos de acceso a la ciudad. Poco le importaba que aún fuesen de tierra, porque para ella no eran carreteras sino verdaderos Paseos, arcos triunfales de la ciudad. Y los adornaba con adoquines y con la fresca sombra de frondosos árboles, parándose en cualquier banco para dar conversación sobre nuevos tiempos y nuevas mentes que habrían de venir. Ella sólo buscaba salir de las estrechas calles, de la compacta fortaleza llamada ciudad. Libertad a fin de cuentas.
Los caminos comenzaron entonces a salpicarse de bellas amapolas de colores eléctricos y gustos eclécticos: las torres o villas -denominación ésta más al gusto de la época-. Las casetas de labranza de adobe y tapial daban paso a casas de recreo de ventanas venecianas, molduras de cemento y hierros ondulantes. Las tierras de labranza cedían parte de su espacio a porches con fuentes, bancos y a especies vegetales: rosales, claveles, hiedras… que competían en exótica decoración.

La Belle Époque, como alternativa al feudo masculino que identificaba la casa principal, fue bautizando sus villas con románticos nombres de mujer, como Villa Rosario (con su coqueto quiosco) o Villa Elena (de vivos azulejos). Y con otros nombres más distendidos, como Torre Calcetín.

Estas construcciones, verdadero capricho y mimo de sus moradores, eran estandartes del gusto moderno y de la satisfacción social. Segunda residencia en muchos casos y vivienda en otros. Lugares de escapada para los sofocantes calores del verano y discretos solariums ajenos a indiscretas miradas que observaban con envidia el nacimiento de nuevos privilegios. El mero hecho de disfrutar del campo sin considerarlo sustento era la más preciada de las joyas.
De arquitectura sencilla, las villas contaban con todo lo necesario para pasar largos días de asueto, de revoltosos juegos de niños, de comidas familiares, de hospitalidad con el paseante, de charlas y tertulias. Conversaciones bajo una parra de la que asomaban brillantes racimos o bajo un vibrante cielo de estrellas. Olor a chimenea y sueños a la fresca de una nueva época.

Al atardecer de años más tarde y sin esperarlo, sobre la ciudad, sobre los campos y sus villas, el vuelo de golondrinas se transformaría en el planear de murciélagos de guerra. Y se hizo la noche.

El hambre y la destrucción obligó a la dama a refugiarse bajo el amparo de la ciudad. La Belle Époque, que se dejaba llevar por el tiempo, también tuvo su decadencia. Su bello rostro, maquillado tras la Primera Guerra Mundial, comenzó a cuartearse de nuevo. Los vecinos aceptaron que la Belle Époque debía ser una moza más de manos trabajadoras. Comprendieron la necesidad de que las villas abandonaran el recreo y sirvieran como casas de huerta. Comenzaba una condena a todo lo ostentoso.
Tras lenta agonía la dama murió, dejando su fragancia en varios rincones de Barbastro donde todavía se la recuerda por su personalidad serpenteante y viva, hecha formas y molduras; por su libertad, en sus villas, en la lejanía de la masificación urbana. En definitiva, por ser especial y diferente. Eso es lo que ha de permanecer.

Nuestra particular Belle Époque merece toda nuestra atención, particulares e instituciones. Pero no sólo atención a edificios sino a entornos, puesto que de nada sirve conservar una villa ahogada y amenazada por obras mastodónticas, sin que disfrute de una amplia zona de vegetación y de recreo. Esperamos, expectantes, la catalogación y protección de estos espacios. Debemos dar la oportunidad para que el patrimonio maraville la vista y la memoria, para dar nuevos aires a la historia de igual forma que ella nos los brindó en un frasco de esencia modernista.

*

Algunas de estas construcciones denominadas torres o villas han tenido el beneplácito de sus moradores, quienes hoy, con sumo mimo vuelven a dar vida a sus paredes. Desde aquí un agradecimiento a todos ellos por mantener viva la memoria arquitectónica y así poder contemplarlas en esencia, como Villa Adela en calle Torreciudad, Villa Elena en Avda. Pirineos (año 1929) y Villa Rosario en Crta. Cregenzán (1930) de curiosa escalera de acceso. Otras construcciones ya no existen, como la típicamente modernista Casa Valle (1934) en Avda. Ejército Español; otras, malheridas por el paso de las épocas sobreviven como la Torre Calcetín (1915) en el desvío a El Pueyo en la N-240, Casa Valle o de Mora en avda. Pirineos (1914), la villa del Camino de los Tapiados (de interesante forjado) cuyo contorno ilustra estas lineas o, aunque no sea de la época, la villa de la calle Aínsa (inscripción de 1776).

·

Nota del bloguero: Texto publicado en el Extra Fiestas de El Cruzado Aragonés de septiembre de 2010.

Ilustración: Sergio Alonso (SerAlGo)

domingo, 25 de abril de 2010

Los niños ya no juegan en la ermita del Plano








Hace un par de semanas decidí pasear por los alrededores de Barbastro para grabar unas imágenes en video de los campos. Por cierto, cada vez menos "campos" y más víctimas contanimadas de construcciones, postes de la luz, carteles, etc.







Pensé que el camino rural hacia el Santuario de El Pueyo no me defraudaría: campos extensos salpicados de carrascas, olivos y almendros.
Hacia allí me dirigía cuando me encontré, nada más salir de Barbastro, con el desvío a la ermita de la Virgen del Plano. La curiosidad me invadió con ánimo de recordar tiempos pasados. Así que cambié el rumbo hacia allí.







Mi memoria recordaba un trayecto mucho más largo. Pero no, qué alivio al comprobar que no hay que caminar tanto.
Lo que no recordaba tanto son dos cosas: una, el camino asfaltado y otra, que hay varias casas habitadas en las inmediaciones.
Sabía lo que me iba a encontrar. Hace unos años ya fue noticia la profanación del templo y el robo de la campana.

Pero la sorpresa al llegar al lugar es mucho mayor: es una destrucción completa. Ni bancos, ni columpios, ni puertas, ni paredes han pasado inadvertidas a la acción de los vándalos.
Vuelven a surgir vertederos de basura incontrolados. Y no se ve el final de esta agonía.


¿Cómo un lugar tan frecuentado por familias, por niños, ha podido acabar así? ¿Estamos a tiempo de hacer algo por esta zona de juegos y meriendas? ¿Volverán los chapuzones en la piscina?


Los árboles, en su cita veraniega, van a cubrir con sus verdes ramas el cauce del río, tapando la vergüenza de lo que hoy se ha convertido, lo que un día fue una bonita tarde de torta con chocolate.

Mientras reflexiono, un padre y su hijo pasan a mi lado. Van armados de cañas de pescar. El niño me saluda y más tarde, pensando que no le oigo, dice a su padre sorprendido: "¡papá, está haciendo un reportaje para la tele!". Para él ese lugar tiene magia. Para mí, la magia es pensar que, pese a la ruína, este teatro cumple su función.























Imágenes en blanco y negro:
Puente colgante, web: barranque.com
Ermita: usuario "uselio" de flickr.com

sábado, 13 de marzo de 2010

Los arcos de La Merced o la «potencial» protección del patrimonio.

Últimamamente, cada vez que escucho a los políticos me da la impresión de que nos toman el pelo. Hoy "digo" y mañana "diego". Y en el patrimonio no se quedan atrás. Apelan al "bien común" y no sé por qué da la impresión de que hay otros intereses.

Y digo esto a raíz de dos noticias aparecidas esta semana: una en Radiohuesca.com y otra en prensa, en El Cruzado Aragonés. Ambas me dejan un regusto agridulce porque contienen declaraciones que hablan de una potencial protección del patrimonio local. Potencial no por su fuerza y decisión sino porque significa "que puede suceder o existir", vamos, castillos de arena.






La noticia de Radiohuesca.com afirma en boca del Alcalde que "es una obligación intentar conservar el patrimonio". Creo que la palabra intentar hace que las intenciones se queden en humo. Vaya forma de rematar una noticia oportunista y más que discutible ya que muestra como logros de "los últimos años" intervenciones de hace décadas.
La segunda noticia, en El Cruzado Aragonés, me alegra mucho más. Agradecer a algunos medios de comunicación locales lo mucho que aportan para crear opinión: sin información no hay criterio. Han ayudado a que se devuelva el grado de protección a los arcos de la Avenida de La Merced. No es una victoria. El titular de la noticia deja entrever que se descarta "de momento" el derribo. ¿Es que acaso esperan tener más presupuesto para acometer el ambicioso proyecto que implica su derribo? ¿O es que dejarán que se caigan solos?
Ojalá me haya equivocado al hacer estas apreciaciones y espero que se revaloricen como es debido. Prefiero un patrimonio en potencia, a un potencial patrimonio.

Foto antigua: archivo de Enrique Albert / Un siglo de fotografía en Barbastro






domingo, 7 de marzo de 2010

El puente de Santa Fe: camino del abandono











Muchos barbastrenses utilizan el camino de Los Tapiados y la antigua carretera a Salas para hacer la caminata diaria. Sin casi salir del perímetro urbano el paisaje es espectacular, como si un genio arquitecto hubiera creado rincones poéticos. Pero no, han sido los agricultores, las necesidades de movilidad o los que querían tener su finca de recreo los que han salpicado esta zona de personalidad: tapias, árboles y de un espectacular puente de hierro: el de Santa Fe.

No voy a dar lecciones de historia, este blog no pretende hacerlo. Pero se me suben los colores (y creo que a muchos andantes también) cada vez que cruzo el puente.

Necesita una simple restauración: una capa de color y soldar algunas piezas de la barandilla. Tan sólo eso. Y en un futuro más cercano quizás cambiar el firme. ¿Tanto cuesta eso?

Imagen antigua: Fernando ("Fermobu" - web Flickr).