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jueves, 24 de enero de 2019

Barbastro se queda sin testimonio de su pasado ferroviario con la retirada de las vías de tren por el Adif

Sin palabras. He decidido titular esta entrada del blog con el mismo titular de la noticia que me impacta. Todavía recuerdo a nuestros políticos locales, cuando ADIF retiró la mayoría de vías de hierro y traviesas de madera, que mantenían las vías hasta el Polígono Industrial como testimonio de esta infraestructura histórica y patrimonio industrial.

Hoy siento, profundamente, al ver esfumarse esa promesa. Y sufro al ver que del tren (que tanto costó levantar a unos osados y adelantados barbastrenses de hace ya siglos) no queda NADA. Absolutamente nada.

A continuación transcribo la noticia, elaborada por Ángel Huguet, y publicada en www.rondasomontano.com el día 22 de enero de 2019.

***

La brigada de operarios contratada por la Administración de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) retira las traviesas y tramos de vía férrea del antiguo trazado del ramal ferroviario, en desuso desde el año 1969. Se cumplen 50 años desde que circuló el último tren de viajeros y 140 años desde la inauguración del ferrocarril Selgua-Barbastro, en el año 1880, por iniciativa de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. El tráfico de mercancías resistió unos años hasta que Renfe clausuró la línea entre las de baja rentabilidad por aplicación del Contrato de Programa en 1984.

Las tareas de retirada de traviesas y de vías que se realizan desde hace una semana son continuación de las que se llevaron a cabo hace años cuando se construyó la nueva Avenida de la Estación. Ahora, se eliminan todos los tramos pendientes hasta el Polígono Industrial, de manera que desaparecen los últimos vestigios que recordaban la historia del ferrocarril y de la línea que conectó Barbastro con la Estación de Selgua que servía de conexión con la red general previa parada en el apeadero de Castejón del Puente por donde circularon varios trenes, entre ellos “La Burreta”.

El alcalde Antonio Cosculluela informó que “la vía se levanta porque no está en condiciones en los tramos donde se trabaja en tareas de limpieza y mantenimiento por cuenta de Adif, propietario del terreno, para adaptar ese itinerario en sendero de vía verde si prosperan las condiciones para el alquiler y arriendo que se estudian”.

Se negocia entre los técnicos de ambas partes y se ha redactado un borrador “en espera de que se firme el convenio a corto plazo con duración prevista de varios años”. Por otra parte, indicó que “el proyecto se ha presentado en el Ministerio, donde ha sido aceptado y en el Gobierno de Aragón en espera de que se puede ejecutar la Vía Verde entre Barbastro, Castejón del Puente y Monzón con más de dos millones de euros, solo será viable si hay recursos de las administraciones públicas”.

La adecuación de la vía verde completa de 9 km. incluye la dotación de nuevas infraestructuras y la adecuación del antiguo apeadero de Castejón del Puente. El estudio técnico realizado por la empresa Prames, hace cuatro años, estimó el coste en 2.248.000 € pero su ejecución no es viable sin ayudas o subvenciones a las que pueden tener acceso los ayuntamientos mediante convenio con Adif.

Mientras tanto, el Ayuntamiento de Barbastro adaptará el tramo hasta el Polígono Industrial para hacerlo “practicable”. La inversión de 25.000 € que estaba prevista en el año 2018 -por compromiso político con Cambiar Barbastro- no se ejecutó y se ha incorporado al borrador de Presupuestos del 2019 para su ejecución en tareas de mantenimiento, según informó el alcalde.

La senda va paralela al trazado de vía estrecha por donde circularon “la burreta”, la “Tirso de Molina”, la “tanque” número 232, la locomotora a Diesel 1401 y el ferrobús, hasta la supresión de trenes de viajeros (15 diciembre 1969). Más tarde, trenes de mercancías a “vagón completo” hasta el año 1984

Apuntes para la nostalgia

El recorrido depara la posibilidad de muchos recuerdos, nostalgias y apuntes para la historia ferroviaria de Barbastro. Joaquín Torres Borruel conoce varios muy curiosos y poco conocidos, entre ellos los terrenos para el proyecto de construcción del cementerio republicano que no prosperó por falta de autorización de Renfe. Además, la desaparición de un vagón de mercancías localizado en el túnel, las oliveras “plantadas” por el abuelo de Torres en el año 1875 para “proteger los terraplenes próximos a la vía”. En el mismo tramo está, semioculto entre maleza densa, el búnker construido para la Plana Mayor del cuartel General Ricardos “en caso de bombardeo”, cerca de una antigua tejería de la que no queda nada y el propio túnel en curva, entre las novedades pioneras de la época, según Torres Borruel.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Pocos elementos protegidos, muy pocos

¡Qué olvidado te tengo, blog! Necesito escribir, expresar lo que siento al ver caer desde hace unos días otro particular edificio más... Hoy me inspira el edificio de La Tienda Nueva.


Sigo viendo casas que, al no estar habitadas, están condenadas a perecer. Ya perdieron su alma el día que sus inquilinos hicieron la maleta, y ese día fueron huérfanas de la ruina.


Y sigo repasando el catálogo de edificios protegidos, me sonrojo, me alarmo. Son pocos, muy pocos y, además se permite demoler.
Así sólo conseguiremos que éstos se vuelvan unos edificios aislados, amenzados por construcciones cercanas no armónicas. De nada sirve presumir de historia (de casco "antiguo") si no cuidamos
edificios populares, simples y pobres en sus materiales, pero singulares, personales, propios, NUESTROS. Debemos cuidar algunos elementos y cuidar lo que se construye a su alrededor.


Proteger más edificios, o, mejor diría, proteger entornos: no está protegida la calle de las Fuentes (sí, la calle, su tipología), o viviendas que son de finales del siglo XX pero que por su singularidad merecen algo mejor, y lo digo así de claro: protectores mejores. O viviendas que antes estaban aisladas entre las huertas y ahora son amenazadas por mastodónticos edificios a su alrededor.

Y es sencillo y sin mucho esfuerzo dar un cambio de urbanismo:

  • primero: cambiar el concepto "urbanismo" por "paisaje urbano".
  • segundo: actualizar ese catálogo que se incluye en las Normas Subsidiarias de Urbanismo y que data de 1987. Algunos edificios que se obviaron entonces y algunos construidos desde entonces merecerían dicha protección: casas medievales con elementos particulares (como las ventanas conopiales de calle Argensola y plaza del Mercado, o aleros en otras muchas); bodegas (Sommos, Viñas del Vero, Lalanne...), algunas villas de campo (Amparo, Elena, Rosario...), toda la plaza del Mercado y un largo etcétera que habría que reflexionar.


Los criterios de urbanismo, de protección, de restauración, han cambiado y mucho desde hace 20 años. Todo ha cambiado. Actualicemos lo que queremos que sea nuestra ciudad pero sin perder su esencia, lo que la hace única. Protejamos los entornos.


lunes, 26 de enero de 2015

jueves, 30 de octubre de 2014

Tiempo de lentos paseos...


Llevar toda la tarde sentado frente al ordenador y encontrar, descubrir esta imagen me supuso una gran alegría.

Entre otras muchas fotografías carentes de colores, ésta los poseía sin mostrarlos: tonos otoñales... e incluso llegaba a oler: a humedad, a los primeros calientes humos del otoño...

Unos personajes tranquilos en un camino tranquilo, despojado de la animación del verano y de los árboles que lo vestían antaño. Nuevas casas, llenas de color, en una foto en blanco y negro.

Sí, una fotografía, como todas las fotografías estática, que invita a tomar la vida con más calma, como un paseo. Ahora que llega el letargo del frío y de los colores, paseemos...


FOTOGRAFÍA: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=210873279091728&set=a.115097615335962.17740.100005071724360&type=3&theater

lunes, 21 de octubre de 2013

Sacando los colores a las calles

Los paseos por el centro de Barbastro siempre deparan sorpresas. Una hoy mismo: están limpiando la fachada de Casa Palá, en la calle General Ricardos.

Esta casa no pasa desapercibida: por su tamaño y porque configura el espacio de las llamadas "escaleretas". Aunque no tiene balcones artísticos, sí remata su fachada un alero de madera dentado, casi ajedrezado, lo que le da un aire imponente.


Pero esta fachada, sucia hasta hoy, gris, sobria... guardaba bajo el polvo sus colores y decoración originales. Y los que están trabajando su superficie, lo hacen con el mimo de los artesanos, de restauradores. Así, poco a poco, van limpiando y dejando ver tonos azules, ocres... 

ACTUALIZACIÓN 24/10/2013: El encanto de los pintores de antaño -de los que animaban con pocos recursos unas sobrias construcciones, una sobria vida- ha sido ocultado bajo una capa de pintura. Una nueva pintura que cubre también varias casas que se alinean con esta. Así que los azules eléctricos, los ocres, las formas alegres, ya no están... aunque, efímeramente, unos pocos pudimos disfrutarlas de nuevo.



lunes, 8 de abril de 2013

Manos a la obra... los niños que jugaron

Parece mentira, o verdad... Manos de voluntarios están limpiando el entorno de la Virgen del Plano. Ayer domingo, convocados y animados por un joven barbastrense -que aún no es ni mayor de edad-, un buen número de aquellos antiguos niños que allí jugaron, fueron a la ermita para realizar tareas de limpieza.

También se unieron vecinos del barrio cercano de Santa Bárbara, que ya reivindicaron el estado de esta ermita y su entorno con su carroza en el Pasacalles del Pregón del año pasado.

Humildes manos con grandes intenciones.


Transcribo el texto que El Cruzado Aragonés ha publicado en Facebook:
La “quedada” organizada por Pili Toro y Pablo Jurado a través de redes sociales, el “boca a boca” y la cartelería, reunió ayer a 65 personas, de todas las edades, para limpiar los alrededores de la emita de la Virgen del Plano, dependencias de la iglesia -lo que queda de ella- cocinas y 78 de las 112 escaleras de acceso a la antigua “pasarela colgante” sobre el río Vero. El balance de la jornada dejó 5.000 kilos de escombros entre interiores y exteriores, dos contenedores llenos de basuras y montones para tres más, numerosos “fajetes” de ramas secas, 65 tablones y maderas extraídas del interior y alrededores. En la escalinata de acceso a la pasarela colgante se aprecian las referencias comerciales de quienes pagaron cada peldaño gracias a la paciencia en tareas de cortar hierbas, limpiar y talar dos árboles caídos que impedían el paso.

Y a mí me deja una pregunta que me la estoy haciendo muy, muy a menudo: ¿Dónde fue el dinero de las vacas gordas? ¿Por qué se ha de llegar a este grado de dejadez para actuar? 

Fotografía: El Cruzado Aragonés. 
Fecha: 08/04/2013
Nota: Existe en este blog una entrada sobre el estado de esta ermita del 25/07/2010 - http://aqui-hubo-barbastro.blogspot.com.es/2010/04/la-ermita-de-el-plano-excursion-ninguna.html

viernes, 4 de enero de 2013

Aún nos quedan oasis

Quiero compartir, en estos primeros días del año, un texto que escribí en diciembre del año 2007. Veo que todavía sigue vigente... Feliz año.


AÚN NOS QUEDAN OASIS
Todavía conserva Barbastro esos pequeños oasis que acomodan al que los habita y al que viene de paso, a uno en su quehacer diario, al otro en su descubrimiento de lugares y gentes.
Oasis a los que me gusta llamar rincones. Sí, rincones. Allí donde aparece lo extraviado, donde el niño pequeño se esconde y crea su mundo, donde se acumula el polvo con el paso del tiempo, donde se amontonan los recuerdos en trastos viejos de los que cuesta desprenderse.
Si un forastero pidiera consejo para qué visitar, me quedaría pensando en mis particulares rincones. Recordaría la Catedral, San Francisco y su fuente, la Plaza del Mercado y hasta la Peñeta. Pero por encima de todos éstos que aparentan ser inmortales -y recalco: aparentan-, me vendrían al recuerdo otros oasis más placenteros: las sensaciones. En invierno el olor a estufa de leña, cruzando el recio Puente del Portillo cubierto por una espesa niebla entre sus barandas de cemento. La primavera se vería envuelta por el viento, y éste crearía nuevos sonidos azotando oliveras y carrascas y llevando consigo el sonar de los tambores que anuncian la Semana Santa. En verano, el frescor de la sombra en un paseo por el zigzaguear de los Tapiados e incluso la humedad del musgo y el salpicar de sus manantiales. Y así, tantas sensaciones como días tienen las estaciones que me gustaría compartir con ese hipotético forastero.
Pero los sentidos están ligados a la imaginación y de esa sensibilidad cada uno sabe lo suyo. Los sentidos despiertan a la imaginación, y ésta motiva a los anteriores. Tan personal que es tarea difícil compartirlo. Sólo un buen escritor o un buen contador de historias sabría hacerlo. Y nuestros mayores lo consiguen. Nos hacen partícipes de sus vivencias, de sus peripecias en esos rincones de Barbastro. Hasta darnos cuenta que, pese a lo fugaz de la vida, hay legados, herencias que nos dejan para su recuerdo. Quizás no sentiremos lo que ellos, pero nos han transmitido esos lugares ofrecidos ahora a nuestros sentidos y nuestra imaginación.
Deberíamos lamentarnos de perder con los años esa capacidad propia de imaginar, pero más debería dolernos el acabar con los pequeños detalles, los rincones que mueven el motor de los sentidos. Si bien la merma de facultades es irremediable, sí que podemos poner los medios para evitar acabar con los lugares, rincones, oasis o como queramos llamarlos. Y no hay excusa ni resignación sino la capacidad de imaginar otras soluciones y así crear nuevos rincones: imaginar soluciones no es soñar lo inalcanzable, sino poner en práctica soluciones imaginativas.
Soluciones que hubieran evitado acabar, por ejemplo, con la Estación del Ferrocarril imaginando un vial en un sentido delante y otro en sentido contrario detrás de la misma, rodeando sus escaleras de vegetación y con su elegante palmera, como en el mejor de los oasis.
Soluciones que se han de poner en práctica para que lo práctico no sea agrandar, alinear, destruir, sino conservar y adaptar a nuevos usos. Soluciones para el siguiente oasis en riesgo: los Tapiados.
Mientras unos imaginan, donde antes pisaban las vías del tren, sendas verdes en las que pasear tranquilamente a pie o en bicicleta, otros parece que preferimos ver estos y otros lugares agonizar, morir. Es inaceptable ser espectadores de la piqueta. Los Tapiados, en su agonía como mero paso de coches a los huertos o a las fincas, reclaman que los imaginemos como una vía donde convivan motor y paseo. Reclaman ser una vía de un solo sentido. Reclaman a nuestra imaginación un puente desde la Cospillera al Campo San Juan para unir con un vial la faraónica rotonda de Las Huertas de Suelves con la antigua entrada a Barbastro bajo las Capuchinas. Unir Barrios.
Los Tapiados, en su personificación, prefieren seguir viejos pero dignos, con esencia. Piden seguir viendo pasear a los barbastrenses junto a la hierba de su senda y acompañarlos hasta su huerta o a visitar a su viejo amigo el Puente de Santa Fe, con el que querría ser recordado no por la amenaza que hoy les acecha (*), sino para otros menesteres.
Protección en todo caso para estos viejos amigos que nos hablan, al igual que nuestros abuelos, de tiempos pasados. De lo que aquí hubo. Una voz que nos reconforta. Como un oasis en el desierto.

(*) Se está elaborando un plan urbanístico para mejorar el trazado del Camino de los Tapiados que acabará con los muros que le dan nombre.
***
En esta entrada, me permito añadir varias imágenes que hacen un recorrido visual por los Tapiados, tomadas en este último año 2012.







sábado, 11 de febrero de 2012

Una escultura de su tiempo, de su espacio...

Ayer, día 11, fallecía en una residencia de Biescas el escultor e imaginero barbastrense Félix Enrique Pueyo Marco. Nació en 1914 y se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza, donde abrió su propio taller en los años 40 del pasado siglo. Sus obras están repartidas en templos e instituciones religiosas de todo el mundo, incluido cómo no su Barbastro natal.

Esta triste noticia me ayuda a recordar una de sus obras en Barbastro: el Cristo crucificado de la ermita de San Ramón del Monte. Y así hacer extensiva esta reflexión a todo el patrimonio mueble.






A título informativo decir que la ermita actual sustituye a otra anterior que estaba en estado ruinoso tras su profanación en la Guerra Civil. Con la nueva obra se dotaba a Barbastro –honrando así a su patrón diocesano– de un templo cuyo diseño estaba acorde con su tiempo, rodeado de pinares, de buenas vistas y de una residencia o casa de ejercicios digna de acoger retiros y encuentros. Tan mimada fue esta obra que se embelleció –además de con muebles de tipo etnológico– con evocadores pirograbados sobre la comunión (común-unión) en el salón comedor y, en la ermita, con dos grandes vidrieras abstractas (y otras en ventanas de menor tamaño) y tres hermosas tallas de madera.

Estas obras de imaginería son de imponente tamaño. San Ramón Obispo dando su bendición y la Virgen, bellísima, ofreciéndonos a su hijo. Ambas obras sin pedestal parecen flotar a ambos lados del Cristo que preside sobre el altar. Un Cristo crucificado sobre una cruz de hierro que se integra en el propio espacio arquitectónico.









De este Cristo (posiblemente inspirado en el propio autor) se pueden contar innumerables anécdotas. Muchos dirán que impone o incluso infunde temor... pero no es otra su intención que la de transmitir cercanía reflejando el dolor humano. Imponente pero humano, no idealizado.

Yo lo he contemplado muchas veces. Las primeras, en aquellas excursiones de fin de curso de catequesis. Siempre me dio mucho respeto verlo tan majestuoso a pesar del dolor de su rostro, de cómo apretaba sus dientes y de la forma en que se vencía hacia delante. Y me "chocaba" ver esa pose que se escapaba de toda mi idealización (nunca había visto un cristo con un clavo en cada pie).

Aún hoy lo veo así, aunque de distinta forma...










Recuerdo que allá sobre el año 1996 (si mal no recuerdo) fuimos con don Lino Rodríguez para tomar unas imágenes del programa de la televisión local Informativo Diocesano. Nos recibió Hortensia, tan amable como siempre. Ella estaba algo preocupada sobre si sabríamos captar la expresión del rostro. Y tenía toda la razón. En las fotos que se han hecho (o que he visto hasta el momento) en el rostro del Cristo se aprecia mucho dolor, en cambio, si se contempla con la luz natural su expresión varía, parece mucho más sereno. Creo que tampoco lo conseguimos grabar bien pese a trabajar la iluminación una y otra vez. Luz artificial en aquellos años muy necesaria para captar imágenes en interiores (me gustaría saber cómo quedaría hoy en día, ya que la mayoría de cámaras de video no necesitan iluminación extra).

Esta reflexión sobre el Cristo de la ermita de San Ramón del Monte me permite recordar esas obras muebles que son verdaderas obras de arte. Son incluso más acordes a su tiempo que las inmuebles, y más frágiles: por sus materiales más delicados y porque son más fáciles de agredir, de cambiar la ubicación para la que fueron concebidas, de ser víctimas de los gustos temporales y de las ventas a "profesionales" sin escrúpulos.

Es importante vigilar nuestro patrimonio, de principio a fin. Cualquier pieza es importante y como "pieza" no puede faltar en el puzzle.


Y a mí me queda el compromiso de tomar un buen video o una buena fotografía del Cristo... quince años después.

*
NOTAS:
1. Imagen de la postal: todocoleccion . net
2. Imagen en blanco y negro (años 50 ó 60): libro "Barbastro, siglo XX. Luces y sombras". Francisco Víu.
3. Imagen del Cristo: aragondigital . es

jueves, 1 de septiembre de 2011

«Patrimonio amado»















El título de esta entrada no es mío, sino extraído de la presentación del Extra Fiestas de El Cruzado Aragonés (Semanario del Altoaragón).

Este año la directora del mismo, Lolo Sampedro, muy amablemente me pidió que hiciera la portada, con total libertad y, claro está, con el "lastre" de un nivel muy alto en el grafismo de años anteriores.

Una plublicación muy querida y esperada por los barbastrenses y por la Comarca merecía una buena portada pero quería llevarla a mi terreno. Así que la portada del Extra se fue llenando de pequeños detalles del patrimonio cotidiano aunque a veces desapercibido, pero que unido forma algo mucho más grande: la imaginación de las formas por encima de la función.

Y éste es el gran peligro que acecha a estos pequeños elementos: su fragilidad viene en ocasiones del óxido; pero más veces viene de que esas formas que en su día lo fueron ahora "no son funcionales". ¡Qué error pensar eso! Y ¡qué placer da contemplarlas, cada una imaginada en su época y en su estilo!

Os dejo con la presentación que la directora escribe en el Extra Fiestas de El Cruzado:

(texto pendiente)

sábado, 16 de julio de 2011

La pequeña Victoria del Modernismo










Hace varios días, la rotura de un tubo de desagüe de aguas pluviales hizo que salieran a la luz restos de la decoración modernista de la casa donde se encuentra el Bar Victoria.





Como se indica en "El Mirador" de El Cruzado Aragonés: "...ha sido providencial para recuperar parte de la hermosa orla de inspiración modernista que adornaba el negocio de la familia Valle Raso, dedicado a los materiales de construcción, la decoración aguantó hasta los años cincuenta, para quedar sepultada después por el pragmático yeso. Bajo él han resistido los elementos vegetales y sus vibrantes colores, que ahora quedarán a la vista para el disfrute de todos".





Con la certera explicación de "El Mirador" no hay más que decir...















Fotos en Blanco y Negro: Libro "60 años de historia del Ayuntamiento de Barbastro en sus documentos". Donde se muestran los dos negocios: uno el que promovería la decoración de la fachada y otro el que aprovecharía dicha decoración hasta considerarla obsoleta.

Fotos en color: Dos muestras del antes (foto de internet) y el después del incidente que ha sacado a la luz esta decoración.

miércoles, 20 de abril de 2011

la vivienda por fin tiene un plan...

Es una pena que para dar salida al desmadre productivo de la construcción ahora se promueva la conservación. A buenas horas, mangas verdes, aunque aplicando refranes, no hay mal que por bien no venga.













Tras unos desafortunados primeros intentos de este "plan de vivienda" en el centro histórico (plan 2006-2010) en que llegamos a ver subvenciones en obras que no llevaban ni diez años en pie, por fin ha llegado a edificios cargados de historia y valor arquitectónico. Y por fin se valora la restauración estructural, del interior del edificio, su habitabilidad.


Hace unas décadas (en los años 90) sufrimos un gusto por adecentar fachadas, cuando el interior estaba más que deshabitado y en progresivo deterioro. Sólo tenemos que ver el desierto de la calle Monzón o de Joaquín Costa. Se pintó hasta la última fachada y en cada interior se cebaba la humedad, la decadencia y la soledad.





Me gustaría hacer un inciso. Muchas veces por la falta de inversión de sus propietarios y por su dejadez, sólo les queda alquilar esas viviendas a un mercado reservado a inmigrantes y a personas con recursos mínimos, lo que acentúa su deterioro. Un pez que se come la cola.


Independiente a este megapublicitado plan de vivienda de la "nueva economía" hay que dar las gracias a los pequeños estudios de arquitectos que apuestan por el mimo en la restauración. Que dan valor a vivir en casas llenas de vida y con personalidad, con alma. Casas de madera y ladrillo, casas de vivos colores...

Ahora podemos ver ejemplos del sector de la construcción bien entendida. Ejemplos que esperemos, por un largo tiempo, dejen atrás el ladrillazo con el que han golpeado la historia y el pasado.














Foto 1: Balcones curvos del edificio de estilo racionalista en la calle General Ricardos número 34.
Foto 2: Nuevo alero en ladrillo del edificio del paseo del Coso número 24, cuya fachada ha sido tomada últimamente por aparatos de aire acondicionado.
Foto 3: Dos edificios en calle Argensola, en primer término y con el cartel del plan de vivienda, uno de los últimos restaurados conservando la fachada y balcones de forja.

viernes, 14 de enero de 2011

Los Tapiados, tranquilos de momento, mandan el tráfico "a paseo"

Parece que el título de esta entrada ha quedado redactado como un titular de noticia, de una gran noticia.

Hace ya varios años el Ayuntamiento de Barbastro informaba de una importante "idea" urbanistica para ampliar el camino de los Tapiados aunque requería la expropiación de multitud de fincas y la desaparición de las tapias que le dan nombre. Afortunadamente los técnicos de la Diputación de Huesca se han adelantado y han apostado por una solución más práctica: hacer pasar el tráfico donde las calzadas son más anchas (zona Las Huertas) y conectarla con el Eje del Vero (carretera que lleva a Alquézar y las Bodegas) a través del Barrio de San Juan. Solución ésta que no se aleja del casco urbano y soluciona muchos de los problemas del centro de la ciudad, donde los coches se encuentran en un callejón sin salida o enredados de la maraña de calles (calles de un sólo sentido, lógico por la falta de amplitud pero caótico para la circulación vial).

Vaya, quién lo iba a pensar, esta solución se me antoja lógica y familiar. Me alegro y mucho. De hecho, hace unos años escribí para El Cruzado Aragonés una carta en la que echaba de menos soluciones imaginativas ante la amenaza a los Tapiados por parte del Ayuntamiento.


Nota del autor: el texto que sigue, es un artículo de opinión que escribí para El Cruzado Aragonés en diciembre de 2007.

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AÚN NOS QUEDAN OASIS

Todavía conserva Barbastro esos pequeños oasis que acomodan al que los habita y al que viene de paso, a uno en su quehacer diario, al otro en su descubrimiento de lugares y gentes.
Oasis a los que me gusta llamar rincones. Sí, rincones. Allí donde aparece lo extraviado, donde el niño pequeño se esconde y crea su mundo, donde se acumula el polvo con el paso del tiempo, donde se amontonan los recuerdos en trastos viejos de los que cuesta desprenderse.

Si un forastero pidiera consejo para qué visitar, me quedaría pensando en mis particulares rincones. Recordaría la Catedral, San Francisco y su fuente, la Plaza del Mercado y hasta la Peñeta. Pero por encima de todos éstos que aparentan ser inmortales -y recalco: aparentan-, me vendrían al recuerdo otros oasis más placenteros: las sensaciones. En invierno el olor a estufa de leña, cruzando el recio Puente del Portillo cubierto por una espesa niebla entre sus barandas de cemento. La primavera se vería envuelta por el viento, y éste crearía nuevos sonidos azotando oliveras y carrascas y llevando consigo el sonar de los tambores que anuncian la Semana Santa. En verano, el frescor de la sombra en un paseo por el zigzaguear de los Tapiados e incluso la humedad del musgo y el salpicar de sus manantiales. Y así, tantas sensaciones como días tienen las estaciones que me gustaría compartir con ese hipotético forastero.

Pero los sentidos están ligados a la imaginación y de esa sensibilidad cada uno sabe lo suyo. Los sentidos despiertan a la imaginación, y ésta motiva a los anteriores. Tan personal que es tarea difícil compartirlo. Sólo un buen escritor o un buen contador de historias sabría hacerlo. Y nuestros mayores lo consiguen. Nos hacen partícipes de sus vivencias, de sus peripecias en esos rincones de Barbastro. Hasta darnos cuenta que, pese a lo fugaz de la vida, hay legados, herencias que nos dejan para su recuerdo. Quizás no sentiremos lo que ellos, pero nos han transmitido esos lugares ofrecidos ahora a nuestros sentidos y nuestra imaginación.

Deberíamos lamentarnos de perder con los años esa capacidad propia de imaginar, pero más debería dolernos el acabar con los pequeños detalles, los rincones que mueven el motor de los sentidos. Si bien la merma de facultades es irremediable, sí que podemos poner los medios para evitar acabar con los lugares, rincones, oasis o como queramos llamarlos. Y no hay excusa ni resignación sino la capacidad de imaginar otras soluciones y así crear nuevos rincones: imaginar soluciones no es soñar lo inalcanzable, sino poner en práctica soluciones imaginativas.
Soluciones que hubieran evitado acabar, por ejemplo, con la Estación del Ferrocarril imaginando un vial en un sentido delante y otro en sentido contrario detrás de la misma, rodeando sus escaleras de vegetación y con su elegante palmera, como en el mejor de los oasis.

Soluciones que se han de poner en práctica para que lo práctico no sea agrandar, alinear, destruir, sino conservar y adaptar a nuevos usos. Soluciones para el siguiente oasis en riesgo: los Tapiados.

Mientras unos imaginan, donde antes pisaban las vías del tren, sendas verdes en las que pasear tranquilamente a pie o en bicicleta, otros parece que preferimos ver estos y otros lugares agonizar, morir. Es inaceptable ser espectadores de la piqueta. Los Tapiados, en su agonía como mero paso de coches a los huertos o a las fincas, reclaman que los imaginemos como una vía donde convivan motor y paseo. Reclaman ser una vía de un solo sentido. Reclaman a nuestra imaginación un puente desde la Cospillera al Campo San Juan para unir con un vial la faraónica rotonda de Las Huertas de Suelves con la antigua entrada a Barbastro bajo las Capuchinas. Unir Barrios.

Los Tapiados, en su personificación, prefieren seguir viejos pero dignos, con esencia. Piden seguir viendo pasear a los barbastrenses junto a la hierba de su senda y acompañarlos hasta su huerta o a visitar a su viejo amigo el Puente de Santa Fe, con el que querría ser recordado no por la amenaza que hoy les acecha (*), sino para otros menesteres.

Protección en todo caso para estos viejos amigos que nos hablan, al igual que nuestros abuelos, de tiempos pasados. De lo que aquí hubo. Una voz que nos reconforta. Como un oasis en el desierto.

(*) Se está elaborando un plan urbanístico para mejorar el trazado del Camino de los Tapiados que acabará con los muros que le dan nombre.

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martes, 18 de mayo de 2010

Vieja estampa y nueva imagen para el Paseo del Coso

Me encanta la claridad del granito con el que cubren los nuevos espacios urbanos, así se potencia la venta de gafas de sol. También me encanta cómo se agrietan esas losas de pocos centímetros de grosor. Ni qué decir lo que disfruto de los charcos y que cuando llueve se convierta el granito en una pista de patinaje. Y lo que más me gusta de todo es cómo se nota la suciedad. Color poco sufrido, diría mi madre.






Está bien claro que una ciudad tiene que avanzar, pero también ha de cuidar los espacios urbanos recientes con el mantenimiento. No me cabe en la cabeza que presenten el nuevo Coso a bombo y platillo cuando la plaza de la Primicia está que da pena, cuando día sí y otro también hay una baldosa rota en el Mercado o hay unos charcos de campeonato en el entorno de la Catedral. La calle Monzón se ha deshumanizado y hay bastantes calles todavía sin urbanizar. Hay jardines que parecen un escaparate de floristería y otros un secarral.

En definitiva, Barbastro es una ciudad de contrastes: el casco antiguo parece lo nuevo y lo nuevo parece... no sé lo que parece la zona nueva. El granito del centro contrasta con las discutibles y biodegradables baldosas rosas y grises de la zona nueva.

Lo que me lleva a esta reflexión es que deberíamos hacer siempre una reflexión antes de crear nuevos espacios, garantizando su mantenimiento y uso ciudadano.



El Coso lo será, confío en ello. Es más, me gusta. Me gustará menos los días de lluvia, seguro, y porque estos espacios se parecen tanto entre sí con otras ciudades... Y lo que es cierto es que será una nueva imagen que contrasta con la vieja estampa que nos trae la memoria, con otras viejas estampas que merecen nuestro cuidado.


Fotografía: proyecto de Juan Luis Solano
Fotografía antigua: dipty.com


Nota del bloguero: ¿Os habéis fijado que en el fotomontaje el Coso conservará la antigua barandilla? Lo dicho, tierra de contrastes...

domingo, 25 de abril de 2010

Los niños ya no juegan en la ermita del Plano








Hace un par de semanas decidí pasear por los alrededores de Barbastro para grabar unas imágenes en video de los campos. Por cierto, cada vez menos "campos" y más víctimas contanimadas de construcciones, postes de la luz, carteles, etc.







Pensé que el camino rural hacia el Santuario de El Pueyo no me defraudaría: campos extensos salpicados de carrascas, olivos y almendros.
Hacia allí me dirigía cuando me encontré, nada más salir de Barbastro, con el desvío a la ermita de la Virgen del Plano. La curiosidad me invadió con ánimo de recordar tiempos pasados. Así que cambié el rumbo hacia allí.







Mi memoria recordaba un trayecto mucho más largo. Pero no, qué alivio al comprobar que no hay que caminar tanto.
Lo que no recordaba tanto son dos cosas: una, el camino asfaltado y otra, que hay varias casas habitadas en las inmediaciones.
Sabía lo que me iba a encontrar. Hace unos años ya fue noticia la profanación del templo y el robo de la campana.

Pero la sorpresa al llegar al lugar es mucho mayor: es una destrucción completa. Ni bancos, ni columpios, ni puertas, ni paredes han pasado inadvertidas a la acción de los vándalos.
Vuelven a surgir vertederos de basura incontrolados. Y no se ve el final de esta agonía.


¿Cómo un lugar tan frecuentado por familias, por niños, ha podido acabar así? ¿Estamos a tiempo de hacer algo por esta zona de juegos y meriendas? ¿Volverán los chapuzones en la piscina?


Los árboles, en su cita veraniega, van a cubrir con sus verdes ramas el cauce del río, tapando la vergüenza de lo que hoy se ha convertido, lo que un día fue una bonita tarde de torta con chocolate.

Mientras reflexiono, un padre y su hijo pasan a mi lado. Van armados de cañas de pescar. El niño me saluda y más tarde, pensando que no le oigo, dice a su padre sorprendido: "¡papá, está haciendo un reportaje para la tele!". Para él ese lugar tiene magia. Para mí, la magia es pensar que, pese a la ruína, este teatro cumple su función.























Imágenes en blanco y negro:
Puente colgante, web: barranque.com
Ermita: usuario "uselio" de flickr.com

sábado, 3 de abril de 2010

Réquiem por un árbol

Qué tiempos aquéllos en los que los árboles eran señas de identidad urbana: el acceso por las principales avenidas (en las que se podía pasear en verano bajo la sombra), el paseo del Coso, el paseo de los Amantes... daban exclusividad y un ámbiente romántico. Los árboles se hacían centenarios, imponentes.

En tiempos, un árbol, una zona verde, era el centro sobre el que se desarrollaba el urbanismo del entorno. Ahora, si sobra sitio se planta una especie, bonita, pero que no se desarrolle más de la cuenta para no herir el asfalto.

¿Quién se acuerda ya del crimen de las moreras de carretera Cregenzán? O de la tala de plataneros de la plaza de Guisar de los que, afortunadamente, se indultó uno que impone su presencia en un urbanismo estandarizado y que constata que allí hubo comercio, molino y animadas noches de verano a la fresca.

Hoy os hablaré de un árbol que quiso ser y no fue. Una historia real en forma de cuento.



Sepan ustedes que hubo un pedacito de tierra abierto entre cientos, miles, millones de adoquines danzarines. De este pedacito de tierra surgía la vida: un escuálido tronco de un proyecto de frondosa sombra.

La misma mano que años atrás había talado la vida de sus robustos antecesores era ahora la que le obligaba a crecer en la radiante plaza nueva. Eso sí, su nueva vida, en un privilegiado emplazamiento, se hacía una agonía: los adoquines atragantaban su tronco y ahogaban sus raíces. Tanto, que el pedacito de tierra del que brotaba era casi inexistente.

Tímido, el fino tronco se esmeraba cada año en abrir sus hojas al caluroso sol. Él sabía que antes que él hubo otro, y antes de ése hubo otro más, que no habían resistido firmes al sol en formación con otros de su mismo batallón arbóreo.

Aguantó ser aplastado por un camerino festivo y empujones de algún que otro senil conductor nobel; -¿la señal no indica zona de paso restringida? -se decía. Pese a todo era buen vecino y tuvo que tragar cambios de aceite en talleres improvisados y la fumata de hierbas que le provocaban la risa. Hasta en son de buena vecindad estuvo a punto con sus ramas de batir palmas al son de la rumba.

Pese a su juventud se sentía abuelo, condenado a mantenerse erguido gracias al apoyo de un tronco inerte al que lo apresaban. Pero consiguió lo que otros no hicieron: ver pasar dos primaveras y pronto llegaría la tercera y, seguramente, le liberarían de esa atadura.
Poco antes de abril alguien colocó un vallado en la plaza, su casa. Una gran celebración. ¿Quizás una obra que lo protegería? ¿Harían alrededor de su tronco un cuadrado de tierra para respirar? Las vallas se iban moviendo al compás de las obras. Y se acercaron a él, tanto, que estrecharon el espacio por el que circulaban los coches. Llegaron a rozarlo, una y otra vez, hasta que un golpe fue tan certero que lograría herirlo de muerte. Tumbado ya sobre la plaza soltaba su última savia como lenta agonía.


Muchos de los que allí pasamos lo oímos lamentarse, pero no lo levantamos. Él sabía su destino. Aún así pedía que su pedacito de tierra, defendido hasta la muerte, fuese ocupado con una nueva vida y, si los responsables municipales le dejaban, rogaba ser convertido en mástil que apoyase al nuevo inquilino.

Pero ninguno de sus deseos se cumplió. Sobre el pedacito de tierra una orden de lo alto echó cemento; y los adoquines ganaron nuevos territorios. Y cerraron su herida como lo hicieran con los árboles que allí habitaban antes de la colosal urbanización. Como una cruel burla en una de las vallas figuraba su destino escrito: “poda de árboles”. No era la intención de la obra, pues las vallas se habían reutilizado sin quitar el cartel, pero resultó ser un mal augurio de una mala “poda” que ahora escribo a modo de réquiem.














sábado, 20 de marzo de 2010

Ciudadanos, ¡circulen!... si pueden, claro

Inmersos estamos en el eterno debate sobre la circulación en la calle General Ricardos. Hay que recordar que el motivo de que se circule en una sola dirección se basa es descongestionar el tráfico en el centro, facilitar aparcamientos de carga y descarga para la actividad comercial y para crear un ambiente más propicio para la seguridad del peatón que pasea y compra.


Pero esto último, el peatón, debería ser lo principal a la hora de establecer criterios de circulación. Sin duda es el medio de transporte más ecológico y que propicia la economía basada en el turismo y en el pequeño comercio.










Y cómo no, ir a pie es el eje de la calidad de vida.


Pero lo mismo que se piensa en el fluir del tráfico, en las plazas de aparcamiento, etc. no deberíamos olvidar los obstáculos que aparecen en la ciudad: aceras de altura que parecen precipicios; que te dirigen a ninguna parte o a atravesar paredes; de ancho anoréxico en el que no cabe ni un solo peatón; sin rampas para minusválidos, carritos de bebé o carritos de la compra; y así un largo etcétera.

El colmo es que por cada intervención urbanística que se hace, surge una mano negra que planta una farola, una señal de tráfico o un contenedor. Afortunadamente puede tener solución.














Aquí el responsable no es sólo urbanismo, sino también la concejalía de servicios. Os aporto unas imágenes ilustrativas de lo que me encuentro en mi breve trayecto rutinario, del trabajo a casa, así que no me quiero ni imaginar lo que me dejo en el tintero.


Yo invito a los responsables a recordar conceptos tales como "molesta", "impide el paso", etc. y nos borren estos elementos que manchan (de lo antiestético hablaremos otro día) nuestro caminar diario.

sábado, 13 de marzo de 2010

Los arcos de La Merced o la «potencial» protección del patrimonio.

Últimamamente, cada vez que escucho a los políticos me da la impresión de que nos toman el pelo. Hoy "digo" y mañana "diego". Y en el patrimonio no se quedan atrás. Apelan al "bien común" y no sé por qué da la impresión de que hay otros intereses.

Y digo esto a raíz de dos noticias aparecidas esta semana: una en Radiohuesca.com y otra en prensa, en El Cruzado Aragonés. Ambas me dejan un regusto agridulce porque contienen declaraciones que hablan de una potencial protección del patrimonio local. Potencial no por su fuerza y decisión sino porque significa "que puede suceder o existir", vamos, castillos de arena.






La noticia de Radiohuesca.com afirma en boca del Alcalde que "es una obligación intentar conservar el patrimonio". Creo que la palabra intentar hace que las intenciones se queden en humo. Vaya forma de rematar una noticia oportunista y más que discutible ya que muestra como logros de "los últimos años" intervenciones de hace décadas.
La segunda noticia, en El Cruzado Aragonés, me alegra mucho más. Agradecer a algunos medios de comunicación locales lo mucho que aportan para crear opinión: sin información no hay criterio. Han ayudado a que se devuelva el grado de protección a los arcos de la Avenida de La Merced. No es una victoria. El titular de la noticia deja entrever que se descarta "de momento" el derribo. ¿Es que acaso esperan tener más presupuesto para acometer el ambicioso proyecto que implica su derribo? ¿O es que dejarán que se caigan solos?
Ojalá me haya equivocado al hacer estas apreciaciones y espero que se revaloricen como es debido. Prefiero un patrimonio en potencia, a un potencial patrimonio.

Foto antigua: archivo de Enrique Albert / Un siglo de fotografía en Barbastro