Mostrando entradas con la etiqueta barbastro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta barbastro. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de enero de 2019

Barbastro se queda sin testimonio de su pasado ferroviario con la retirada de las vías de tren por el Adif

Sin palabras. He decidido titular esta entrada del blog con el mismo titular de la noticia que me impacta. Todavía recuerdo a nuestros políticos locales, cuando ADIF retiró la mayoría de vías de hierro y traviesas de madera, que mantenían las vías hasta el Polígono Industrial como testimonio de esta infraestructura histórica y patrimonio industrial.

Hoy siento, profundamente, al ver esfumarse esa promesa. Y sufro al ver que del tren (que tanto costó levantar a unos osados y adelantados barbastrenses de hace ya siglos) no queda NADA. Absolutamente nada.

A continuación transcribo la noticia, elaborada por Ángel Huguet, y publicada en www.rondasomontano.com el día 22 de enero de 2019.

***

La brigada de operarios contratada por la Administración de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) retira las traviesas y tramos de vía férrea del antiguo trazado del ramal ferroviario, en desuso desde el año 1969. Se cumplen 50 años desde que circuló el último tren de viajeros y 140 años desde la inauguración del ferrocarril Selgua-Barbastro, en el año 1880, por iniciativa de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. El tráfico de mercancías resistió unos años hasta que Renfe clausuró la línea entre las de baja rentabilidad por aplicación del Contrato de Programa en 1984.

Las tareas de retirada de traviesas y de vías que se realizan desde hace una semana son continuación de las que se llevaron a cabo hace años cuando se construyó la nueva Avenida de la Estación. Ahora, se eliminan todos los tramos pendientes hasta el Polígono Industrial, de manera que desaparecen los últimos vestigios que recordaban la historia del ferrocarril y de la línea que conectó Barbastro con la Estación de Selgua que servía de conexión con la red general previa parada en el apeadero de Castejón del Puente por donde circularon varios trenes, entre ellos “La Burreta”.

El alcalde Antonio Cosculluela informó que “la vía se levanta porque no está en condiciones en los tramos donde se trabaja en tareas de limpieza y mantenimiento por cuenta de Adif, propietario del terreno, para adaptar ese itinerario en sendero de vía verde si prosperan las condiciones para el alquiler y arriendo que se estudian”.

Se negocia entre los técnicos de ambas partes y se ha redactado un borrador “en espera de que se firme el convenio a corto plazo con duración prevista de varios años”. Por otra parte, indicó que “el proyecto se ha presentado en el Ministerio, donde ha sido aceptado y en el Gobierno de Aragón en espera de que se puede ejecutar la Vía Verde entre Barbastro, Castejón del Puente y Monzón con más de dos millones de euros, solo será viable si hay recursos de las administraciones públicas”.

La adecuación de la vía verde completa de 9 km. incluye la dotación de nuevas infraestructuras y la adecuación del antiguo apeadero de Castejón del Puente. El estudio técnico realizado por la empresa Prames, hace cuatro años, estimó el coste en 2.248.000 € pero su ejecución no es viable sin ayudas o subvenciones a las que pueden tener acceso los ayuntamientos mediante convenio con Adif.

Mientras tanto, el Ayuntamiento de Barbastro adaptará el tramo hasta el Polígono Industrial para hacerlo “practicable”. La inversión de 25.000 € que estaba prevista en el año 2018 -por compromiso político con Cambiar Barbastro- no se ejecutó y se ha incorporado al borrador de Presupuestos del 2019 para su ejecución en tareas de mantenimiento, según informó el alcalde.

La senda va paralela al trazado de vía estrecha por donde circularon “la burreta”, la “Tirso de Molina”, la “tanque” número 232, la locomotora a Diesel 1401 y el ferrobús, hasta la supresión de trenes de viajeros (15 diciembre 1969). Más tarde, trenes de mercancías a “vagón completo” hasta el año 1984

Apuntes para la nostalgia

El recorrido depara la posibilidad de muchos recuerdos, nostalgias y apuntes para la historia ferroviaria de Barbastro. Joaquín Torres Borruel conoce varios muy curiosos y poco conocidos, entre ellos los terrenos para el proyecto de construcción del cementerio republicano que no prosperó por falta de autorización de Renfe. Además, la desaparición de un vagón de mercancías localizado en el túnel, las oliveras “plantadas” por el abuelo de Torres en el año 1875 para “proteger los terraplenes próximos a la vía”. En el mismo tramo está, semioculto entre maleza densa, el búnker construido para la Plana Mayor del cuartel General Ricardos “en caso de bombardeo”, cerca de una antigua tejería de la que no queda nada y el propio túnel en curva, entre las novedades pioneras de la época, según Torres Borruel.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Pocos elementos protegidos, muy pocos

¡Qué olvidado te tengo, blog! Necesito escribir, expresar lo que siento al ver caer desde hace unos días otro particular edificio más... Hoy me inspira el edificio de La Tienda Nueva.


Sigo viendo casas que, al no estar habitadas, están condenadas a perecer. Ya perdieron su alma el día que sus inquilinos hicieron la maleta, y ese día fueron huérfanas de la ruina.


Y sigo repasando el catálogo de edificios protegidos, me sonrojo, me alarmo. Son pocos, muy pocos y, además se permite demoler.
Así sólo conseguiremos que éstos se vuelvan unos edificios aislados, amenzados por construcciones cercanas no armónicas. De nada sirve presumir de historia (de casco "antiguo") si no cuidamos
edificios populares, simples y pobres en sus materiales, pero singulares, personales, propios, NUESTROS. Debemos cuidar algunos elementos y cuidar lo que se construye a su alrededor.


Proteger más edificios, o, mejor diría, proteger entornos: no está protegida la calle de las Fuentes (sí, la calle, su tipología), o viviendas que son de finales del siglo XX pero que por su singularidad merecen algo mejor, y lo digo así de claro: protectores mejores. O viviendas que antes estaban aisladas entre las huertas y ahora son amenazadas por mastodónticos edificios a su alrededor.

Y es sencillo y sin mucho esfuerzo dar un cambio de urbanismo:

  • primero: cambiar el concepto "urbanismo" por "paisaje urbano".
  • segundo: actualizar ese catálogo que se incluye en las Normas Subsidiarias de Urbanismo y que data de 1987. Algunos edificios que se obviaron entonces y algunos construidos desde entonces merecerían dicha protección: casas medievales con elementos particulares (como las ventanas conopiales de calle Argensola y plaza del Mercado, o aleros en otras muchas); bodegas (Sommos, Viñas del Vero, Lalanne...), algunas villas de campo (Amparo, Elena, Rosario...), toda la plaza del Mercado y un largo etcétera que habría que reflexionar.


Los criterios de urbanismo, de protección, de restauración, han cambiado y mucho desde hace 20 años. Todo ha cambiado. Actualicemos lo que queremos que sea nuestra ciudad pero sin perder su esencia, lo que la hace única. Protejamos los entornos.


jueves, 30 de octubre de 2014

Tiempo de lentos paseos...


Llevar toda la tarde sentado frente al ordenador y encontrar, descubrir esta imagen me supuso una gran alegría.

Entre otras muchas fotografías carentes de colores, ésta los poseía sin mostrarlos: tonos otoñales... e incluso llegaba a oler: a humedad, a los primeros calientes humos del otoño...

Unos personajes tranquilos en un camino tranquilo, despojado de la animación del verano y de los árboles que lo vestían antaño. Nuevas casas, llenas de color, en una foto en blanco y negro.

Sí, una fotografía, como todas las fotografías estática, que invita a tomar la vida con más calma, como un paseo. Ahora que llega el letargo del frío y de los colores, paseemos...


FOTOGRAFÍA: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=210873279091728&set=a.115097615335962.17740.100005071724360&type=3&theater

viernes, 7 de febrero de 2014

NUEVAS SOLUCIONES, VIEJOS PROBLEMAS...

Afortunadamente las ciudades las están ganando los peatones. Sí, también las tiendas y las terrazas... unas dejan desierta y sombría la ciudad por la noche, otras generan jaleo hasta altas horas... Lo que antes se achacaba al tráfico rodado (el ruido hacía insoportable vivir en el centro), ahora se va sustituyendo por otros condicionantes (querer vivir en zonas más soleadas, más verdes), y que acaba siendo un vaciado de la habitabilidad y un querer huir del ruido, del peligro.

Muchas veces vivir en el centro antiguo es vivir con sensación de inseguridad. Inseguridad por el estado de la construcción, inseguridad por algunos vecinos... ruina que llama a ruina.

Pero no me quiero desviarme de lo que quería explicar hoy, a raíz de una foto encontrada en Facebook. Una foto en blanco y negro de los años 70 del pasado siglo (hace 40 años) y que mostraba (y muestra todavía) que el centro de una ciudad (el casco antiguo) no estaba hecho para los avances de la vida moderna. Las estrechas, las sinuosas calles se quedaban pequeñas para acoger a nuevos habitantes: los autobuses, los camiones, cada vez más grandes, más largos, más altos... más amenazantes.


Así que esto fue provocando la desaparición de casas, de puertas de ciudad, de cuellos de botella que, casualidades de la vida, muchas eran casas imponentes y llenas de valor.

Pero volviendo a la fotografía (un camión empotrado en unos locales). Decir que lo sorprendente es la solución: se hizo una variante alternativa a la carretera nacional que pasaba, como en otras muchas localidades, por pleno centro. Había mil planes, mil ideas de ir tirando casas con porches y casas en zonas estrechas. Alguna pereció, como la casa de ladrillo, imponente y robusta, del comercio que se ve al fondo (Confecciones Lacambra), pero, afortunadamente muchas otras se salvaron.

Barbastro perdió algo de economía, pero ganó en seguridad vial. El tiempo ha dado la razón: hoy por hoy, si no puedes ofrecer un atractivo, ningún vehículo se detiene ni para echar gasolina.

***

Fotografía: Antonio Latorre ( https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1405772909672597&set=a.1381789788737576.1073741827.100007197040114&type=1&theater )


lunes, 21 de octubre de 2013

Sacando los colores a las calles

Los paseos por el centro de Barbastro siempre deparan sorpresas. Una hoy mismo: están limpiando la fachada de Casa Palá, en la calle General Ricardos.

Esta casa no pasa desapercibida: por su tamaño y porque configura el espacio de las llamadas "escaleretas". Aunque no tiene balcones artísticos, sí remata su fachada un alero de madera dentado, casi ajedrezado, lo que le da un aire imponente.


Pero esta fachada, sucia hasta hoy, gris, sobria... guardaba bajo el polvo sus colores y decoración originales. Y los que están trabajando su superficie, lo hacen con el mimo de los artesanos, de restauradores. Así, poco a poco, van limpiando y dejando ver tonos azules, ocres... 

ACTUALIZACIÓN 24/10/2013: El encanto de los pintores de antaño -de los que animaban con pocos recursos unas sobrias construcciones, una sobria vida- ha sido ocultado bajo una capa de pintura. Una nueva pintura que cubre también varias casas que se alinean con esta. Así que los azules eléctricos, los ocres, las formas alegres, ya no están... aunque, efímeramente, unos pocos pudimos disfrutarlas de nuevo.



lunes, 8 de abril de 2013

Manos a la obra... los niños que jugaron

Parece mentira, o verdad... Manos de voluntarios están limpiando el entorno de la Virgen del Plano. Ayer domingo, convocados y animados por un joven barbastrense -que aún no es ni mayor de edad-, un buen número de aquellos antiguos niños que allí jugaron, fueron a la ermita para realizar tareas de limpieza.

También se unieron vecinos del barrio cercano de Santa Bárbara, que ya reivindicaron el estado de esta ermita y su entorno con su carroza en el Pasacalles del Pregón del año pasado.

Humildes manos con grandes intenciones.


Transcribo el texto que El Cruzado Aragonés ha publicado en Facebook:
La “quedada” organizada por Pili Toro y Pablo Jurado a través de redes sociales, el “boca a boca” y la cartelería, reunió ayer a 65 personas, de todas las edades, para limpiar los alrededores de la emita de la Virgen del Plano, dependencias de la iglesia -lo que queda de ella- cocinas y 78 de las 112 escaleras de acceso a la antigua “pasarela colgante” sobre el río Vero. El balance de la jornada dejó 5.000 kilos de escombros entre interiores y exteriores, dos contenedores llenos de basuras y montones para tres más, numerosos “fajetes” de ramas secas, 65 tablones y maderas extraídas del interior y alrededores. En la escalinata de acceso a la pasarela colgante se aprecian las referencias comerciales de quienes pagaron cada peldaño gracias a la paciencia en tareas de cortar hierbas, limpiar y talar dos árboles caídos que impedían el paso.

Y a mí me deja una pregunta que me la estoy haciendo muy, muy a menudo: ¿Dónde fue el dinero de las vacas gordas? ¿Por qué se ha de llegar a este grado de dejadez para actuar? 

Fotografía: El Cruzado Aragonés. 
Fecha: 08/04/2013
Nota: Existe en este blog una entrada sobre el estado de esta ermita del 25/07/2010 - http://aqui-hubo-barbastro.blogspot.com.es/2010/04/la-ermita-de-el-plano-excursion-ninguna.html

jueves, 15 de marzo de 2012

Una foto fija del "movimiento" de la Semana Santa

Hace ya 2 años, que se dice pronto, tuve el encargo de recoger las imágenes, en video, de la Semana Santa de Barbastro.

La Junta Coordinadora de Cofradías contactó conmigo y me propuso adaptar un anterior trabajo mío sobre la Semana Santa en la Parroquia de San Francisco de Asís (Pasos para Pascua), haciéndolo extensivo a todos los actos que se desarrollan en la ciudad. Este nuevo trabajo sería la tarjeta de presentación a nivel nacional en el Encuentro de Cofradías del año 2010 a celebrar en Barbastro.











Como siempre me pasa, independiente al resultado, mi implicación fue incondicional. Desde el Pregón hasta el Domingo de Resurrección. Grabando por la mañana procesiones, celebraciones, vistas de rincones de Barbastro... y por la noche haciendo trabajo de catalogación de esas imágenes. Siete días intensos difíciles de comprimir en una hora de video.

A los días de Semana Santa, sucedieron varias semanas de guión y otras muchas de montaje. El trabajo se alargó incluso durante el verano.

El resultado, como indica el nombre de esta "entrada" es una foto fija de lo que fue esa Semana Santa de 2010. Acto a acto. Semana Santa que cada año incluye novedades y hacen que, aunque la esencia permanezca, se guarde para siempre la perfecta organización de ese año, los enseres, los recorridos (la Procesión General llegó hasta la calle las Fuentes), etc.

Como curiosidad técnica la grabación fue realizada en alta definición, aunque después la producción del DVD sería en definición normal para permitir su reproducción en cualquier equipo y por coste. Cualquier día se podrá recuperar la calidad original para admirar las imágenes en toda su profundidad y color.

sábado, 25 de febrero de 2012

Los pequeños detalles...

Preparando la Semana Santa, rebuscando en archivos, encontré esta imágen del Miércoles Santo del pasado año 2011.

















Barbastro no se merece dar esta imagen. Menos cuando posee un patrimonio inmaterial llamado procesiones y cuya Semana Santa está declarada de interés turístico de Aragón.

Sin más, para la reflexión.


NOTA: Imagen del autor. Procesión del Santo Encuentro. Paso del Nuestro Padre Jesús Nazareno.

sábado, 11 de febrero de 2012

Una escultura de su tiempo, de su espacio...

Ayer, día 11, fallecía en una residencia de Biescas el escultor e imaginero barbastrense Félix Enrique Pueyo Marco. Nació en 1914 y se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza, donde abrió su propio taller en los años 40 del pasado siglo. Sus obras están repartidas en templos e instituciones religiosas de todo el mundo, incluido cómo no su Barbastro natal.

Esta triste noticia me ayuda a recordar una de sus obras en Barbastro: el Cristo crucificado de la ermita de San Ramón del Monte. Y así hacer extensiva esta reflexión a todo el patrimonio mueble.






A título informativo decir que la ermita actual sustituye a otra anterior que estaba en estado ruinoso tras su profanación en la Guerra Civil. Con la nueva obra se dotaba a Barbastro –honrando así a su patrón diocesano– de un templo cuyo diseño estaba acorde con su tiempo, rodeado de pinares, de buenas vistas y de una residencia o casa de ejercicios digna de acoger retiros y encuentros. Tan mimada fue esta obra que se embelleció –además de con muebles de tipo etnológico– con evocadores pirograbados sobre la comunión (común-unión) en el salón comedor y, en la ermita, con dos grandes vidrieras abstractas (y otras en ventanas de menor tamaño) y tres hermosas tallas de madera.

Estas obras de imaginería son de imponente tamaño. San Ramón Obispo dando su bendición y la Virgen, bellísima, ofreciéndonos a su hijo. Ambas obras sin pedestal parecen flotar a ambos lados del Cristo que preside sobre el altar. Un Cristo crucificado sobre una cruz de hierro que se integra en el propio espacio arquitectónico.









De este Cristo (posiblemente inspirado en el propio autor) se pueden contar innumerables anécdotas. Muchos dirán que impone o incluso infunde temor... pero no es otra su intención que la de transmitir cercanía reflejando el dolor humano. Imponente pero humano, no idealizado.

Yo lo he contemplado muchas veces. Las primeras, en aquellas excursiones de fin de curso de catequesis. Siempre me dio mucho respeto verlo tan majestuoso a pesar del dolor de su rostro, de cómo apretaba sus dientes y de la forma en que se vencía hacia delante. Y me "chocaba" ver esa pose que se escapaba de toda mi idealización (nunca había visto un cristo con un clavo en cada pie).

Aún hoy lo veo así, aunque de distinta forma...










Recuerdo que allá sobre el año 1996 (si mal no recuerdo) fuimos con don Lino Rodríguez para tomar unas imágenes del programa de la televisión local Informativo Diocesano. Nos recibió Hortensia, tan amable como siempre. Ella estaba algo preocupada sobre si sabríamos captar la expresión del rostro. Y tenía toda la razón. En las fotos que se han hecho (o que he visto hasta el momento) en el rostro del Cristo se aprecia mucho dolor, en cambio, si se contempla con la luz natural su expresión varía, parece mucho más sereno. Creo que tampoco lo conseguimos grabar bien pese a trabajar la iluminación una y otra vez. Luz artificial en aquellos años muy necesaria para captar imágenes en interiores (me gustaría saber cómo quedaría hoy en día, ya que la mayoría de cámaras de video no necesitan iluminación extra).

Esta reflexión sobre el Cristo de la ermita de San Ramón del Monte me permite recordar esas obras muebles que son verdaderas obras de arte. Son incluso más acordes a su tiempo que las inmuebles, y más frágiles: por sus materiales más delicados y porque son más fáciles de agredir, de cambiar la ubicación para la que fueron concebidas, de ser víctimas de los gustos temporales y de las ventas a "profesionales" sin escrúpulos.

Es importante vigilar nuestro patrimonio, de principio a fin. Cualquier pieza es importante y como "pieza" no puede faltar en el puzzle.


Y a mí me queda el compromiso de tomar un buen video o una buena fotografía del Cristo... quince años después.

*
NOTAS:
1. Imagen de la postal: todocoleccion . net
2. Imagen en blanco y negro (años 50 ó 60): libro "Barbastro, siglo XX. Luces y sombras". Francisco Víu.
3. Imagen del Cristo: aragondigital . es

jueves, 1 de septiembre de 2011

«Patrimonio amado»















El título de esta entrada no es mío, sino extraído de la presentación del Extra Fiestas de El Cruzado Aragonés (Semanario del Altoaragón).

Este año la directora del mismo, Lolo Sampedro, muy amablemente me pidió que hiciera la portada, con total libertad y, claro está, con el "lastre" de un nivel muy alto en el grafismo de años anteriores.

Una plublicación muy querida y esperada por los barbastrenses y por la Comarca merecía una buena portada pero quería llevarla a mi terreno. Así que la portada del Extra se fue llenando de pequeños detalles del patrimonio cotidiano aunque a veces desapercibido, pero que unido forma algo mucho más grande: la imaginación de las formas por encima de la función.

Y éste es el gran peligro que acecha a estos pequeños elementos: su fragilidad viene en ocasiones del óxido; pero más veces viene de que esas formas que en su día lo fueron ahora "no son funcionales". ¡Qué error pensar eso! Y ¡qué placer da contemplarlas, cada una imaginada en su época y en su estilo!

Os dejo con la presentación que la directora escribe en el Extra Fiestas de El Cruzado:

(texto pendiente)

sábado, 23 de julio de 2011

Una fiesta para elogiar "horrores"

Ya el año pasado escribí una entrada sobre las fiestas del Barrio de San Joaquín. En ese momento se recuperaban tras más de una década sin celebrarse.





La Asociación de Vecinos no quiere dejar de lado su historia ni sus raíces, así que siempre se hará referencia al pasado. No es nostalgia, sino reafirmar de dónde venimos, tener identidad. De ahí que el cartel de este año sea una mezcla de fotografías de antaño y actuales, mezcladas, sin tener más importancia unas por encima de otras y cuyos colores forman el logotipo del Barrio: la J.

Os dejo con un artículo escrito para el programa de fiestas de San Joaquín de este año 2011, en el que se recuerdan las fiestas del año 1948. Enrique Padrós conversó con Justina Pallás y yo redacté, lo más fiel posible a las palabras de ella, este relato:


***

En el programa de fiestas del pasado año, Fernando Noguero hizo un repaso a la historia más reciente de nuestro barrio. En su artículo destacó las sonadas fiestas del barrio del año 1948 en la que tuvo una gran repercusión, incluso provincial, la carroza de la calle Calvario. En esta ocasión os contamos la historia, en primera persona, de una de sus protagonistas, Justina Pallás.


"Ese año se preparaban las fiestas del barrio, en agosto, con sus carrozas. No tenía ni los 18 años, ni tampoco andaba muy animada porque estaba a punto de operarse mi madre. Me llamó mi padre a la fábrica(1) y allí estaban todos, pero no quise entrar a la reunión. –¿Y tú no entras o qué, tú? –me decían. Incluso mi padre: –¿Cómo que no quieres salir? Qué salga la zagala–. Todas se apuntaron.

Todas las noches íbamos a casa Guadalupe (Gistau), después de cenar, a preparar los vestidos. Las pruebas se hacían en su tienda y allí comprábamos algunos flecos, aunque la una traía una cosa, la otra otra. Cosas buscadas.Yo fui con un camisón de una, nuevo, de esos que presentaban antes cuando se hacían modistas. Un entredós... Y pocas cosas compramos: tela para el chaleco -que aún tengo por ahí-; para el velo de todas tela de viso; los adornos de la falda los hicimos con papel dorado y lentejuelas; para las alpargatas unas plantillas y el mismo papel aunque luego, en la carroza, iríamos descalzas.

El artesonado puede ser que fuera del carpintero José, el de Noguero, recuerdo que estaba allí cuando subimos, para ayudarnos. El brasero de la de Zapatillas, la alfombra (2) no sé muy bien...

Llegó el día. Salíamos de casa Español, del almacén de trigo que daba a la calle Los Cubos. Yo con cara de sueño. Erminia Zamora (3) nos maquilló -con un papel de fumar me quitaba pintalabios para que no se me corriera) y después de arreglarme... José Vicente (Guirotti) me dio la mano al subir la escalera del almacén y se quedó todo asombrado (estaban acostumbrados a verme de otra manera...). Ese día iba llena de pulseras, y muchas buenas... hasta por las piernas y todo.

Llegamos al lugar de concentración. No sabría decirte cuántas carrozas de otras calles eran. Sólo recuerdo que de la calle Mayor salieron de 'chulonas'. Guadalupe y Milagros (Español) fueron a dar una vuelta para ver el resto de carrozas. –Ya podéis ir tranquilas, que la mejor, ésta –nos dijeron. Tirada por las caballerías de Casa Zacarías, salimos, todos aplaudían...

Sí, resultó lo que no se esperaba. Todos locos de contentos. Y todo porque se tomaron mucho interés Milagros y Guadalupe. Y los hombres lo mismo, porque estaba José Vicente, Pepe (Gistau), el de Arqué (José María)... como mayores y como representación incluso por las casas.

Al llegar a mi casa me encuentro que bajaba la escalera la señora Josefa (Nevot), que me dijo: –He venido a darle la enhorabuena a tus padres–. Por la tarde a los toros ya no fui. A la carroza sí, había dado mi palabra porque mi padre se puso serio.

Al día siguiente de la fiesta fui a la plaza para un encargo 'pa' la huerta. Estaban Pepe, José Vicente... Me dijeron: –Ven, mira cómo os ponen aquí–. Era la Nueva España. Venía un escrito (4) en el que nos elogiaban 'horrores'.

Recuerdo que todos estaban allí. Todos ayudaron."







(1) Fábrica de harinas "La Verense", conocida como "Moliné".

(2) Posiblemente una colcha de casa Español.
(3) Erminia trabajaba en los distinguidos Almacenes de San Pedro y fue la primera mujer que constaba como miembro de la Comisión. Ella y Guadalupe se fotografiaron con el traje de XXX e incluso Guadalupe hizo iluminar (colorear) y ampliar sus fotografías.
(4) El cronista Cambra escribe: (...) A las doce se celebró el tradicional pasacalles de lujo, en el que cada calle del barrio presentó una carroza típica, mereciendo todos los elogios la del Calvario, denominada "El Oriente Exótico...", donde lindas muchachas ataviadas a estilo oriental, nos hacían recordar las bellezas del Oriente en nada envidiables a estas bellezas barbastrenses; infinidad de cabalgaduras, con típicos baturros y lindas mañicas a la grupa, completaban este vistoso pasacalles (...)


***

Fotografía en B/N: Archivo de Justina Pallás.
Cartel de fiestas: Sergio Alonso.

sábado, 16 de julio de 2011

La pequeña Victoria del Modernismo










Hace varios días, la rotura de un tubo de desagüe de aguas pluviales hizo que salieran a la luz restos de la decoración modernista de la casa donde se encuentra el Bar Victoria.





Como se indica en "El Mirador" de El Cruzado Aragonés: "...ha sido providencial para recuperar parte de la hermosa orla de inspiración modernista que adornaba el negocio de la familia Valle Raso, dedicado a los materiales de construcción, la decoración aguantó hasta los años cincuenta, para quedar sepultada después por el pragmático yeso. Bajo él han resistido los elementos vegetales y sus vibrantes colores, que ahora quedarán a la vista para el disfrute de todos".





Con la certera explicación de "El Mirador" no hay más que decir...















Fotos en Blanco y Negro: Libro "60 años de historia del Ayuntamiento de Barbastro en sus documentos". Donde se muestran los dos negocios: uno el que promovería la decoración de la fachada y otro el que aprovecharía dicha decoración hasta considerarla obsoleta.

Fotos en color: Dos muestras del antes (foto de internet) y el después del incidente que ha sacado a la luz esta decoración.

miércoles, 20 de abril de 2011

la vivienda por fin tiene un plan...

Es una pena que para dar salida al desmadre productivo de la construcción ahora se promueva la conservación. A buenas horas, mangas verdes, aunque aplicando refranes, no hay mal que por bien no venga.













Tras unos desafortunados primeros intentos de este "plan de vivienda" en el centro histórico (plan 2006-2010) en que llegamos a ver subvenciones en obras que no llevaban ni diez años en pie, por fin ha llegado a edificios cargados de historia y valor arquitectónico. Y por fin se valora la restauración estructural, del interior del edificio, su habitabilidad.


Hace unas décadas (en los años 90) sufrimos un gusto por adecentar fachadas, cuando el interior estaba más que deshabitado y en progresivo deterioro. Sólo tenemos que ver el desierto de la calle Monzón o de Joaquín Costa. Se pintó hasta la última fachada y en cada interior se cebaba la humedad, la decadencia y la soledad.





Me gustaría hacer un inciso. Muchas veces por la falta de inversión de sus propietarios y por su dejadez, sólo les queda alquilar esas viviendas a un mercado reservado a inmigrantes y a personas con recursos mínimos, lo que acentúa su deterioro. Un pez que se come la cola.


Independiente a este megapublicitado plan de vivienda de la "nueva economía" hay que dar las gracias a los pequeños estudios de arquitectos que apuestan por el mimo en la restauración. Que dan valor a vivir en casas llenas de vida y con personalidad, con alma. Casas de madera y ladrillo, casas de vivos colores...

Ahora podemos ver ejemplos del sector de la construcción bien entendida. Ejemplos que esperemos, por un largo tiempo, dejen atrás el ladrillazo con el que han golpeado la historia y el pasado.














Foto 1: Balcones curvos del edificio de estilo racionalista en la calle General Ricardos número 34.
Foto 2: Nuevo alero en ladrillo del edificio del paseo del Coso número 24, cuya fachada ha sido tomada últimamente por aparatos de aire acondicionado.
Foto 3: Dos edificios en calle Argensola, en primer término y con el cartel del plan de vivienda, uno de los últimos restaurados conservando la fachada y balcones de forja.

viernes, 14 de enero de 2011

Los Tapiados, tranquilos de momento, mandan el tráfico "a paseo"

Parece que el título de esta entrada ha quedado redactado como un titular de noticia, de una gran noticia.

Hace ya varios años el Ayuntamiento de Barbastro informaba de una importante "idea" urbanistica para ampliar el camino de los Tapiados aunque requería la expropiación de multitud de fincas y la desaparición de las tapias que le dan nombre. Afortunadamente los técnicos de la Diputación de Huesca se han adelantado y han apostado por una solución más práctica: hacer pasar el tráfico donde las calzadas son más anchas (zona Las Huertas) y conectarla con el Eje del Vero (carretera que lleva a Alquézar y las Bodegas) a través del Barrio de San Juan. Solución ésta que no se aleja del casco urbano y soluciona muchos de los problemas del centro de la ciudad, donde los coches se encuentran en un callejón sin salida o enredados de la maraña de calles (calles de un sólo sentido, lógico por la falta de amplitud pero caótico para la circulación vial).

Vaya, quién lo iba a pensar, esta solución se me antoja lógica y familiar. Me alegro y mucho. De hecho, hace unos años escribí para El Cruzado Aragonés una carta en la que echaba de menos soluciones imaginativas ante la amenaza a los Tapiados por parte del Ayuntamiento.


Nota del autor: el texto que sigue, es un artículo de opinión que escribí para El Cruzado Aragonés en diciembre de 2007.

***

AÚN NOS QUEDAN OASIS

Todavía conserva Barbastro esos pequeños oasis que acomodan al que los habita y al que viene de paso, a uno en su quehacer diario, al otro en su descubrimiento de lugares y gentes.
Oasis a los que me gusta llamar rincones. Sí, rincones. Allí donde aparece lo extraviado, donde el niño pequeño se esconde y crea su mundo, donde se acumula el polvo con el paso del tiempo, donde se amontonan los recuerdos en trastos viejos de los que cuesta desprenderse.

Si un forastero pidiera consejo para qué visitar, me quedaría pensando en mis particulares rincones. Recordaría la Catedral, San Francisco y su fuente, la Plaza del Mercado y hasta la Peñeta. Pero por encima de todos éstos que aparentan ser inmortales -y recalco: aparentan-, me vendrían al recuerdo otros oasis más placenteros: las sensaciones. En invierno el olor a estufa de leña, cruzando el recio Puente del Portillo cubierto por una espesa niebla entre sus barandas de cemento. La primavera se vería envuelta por el viento, y éste crearía nuevos sonidos azotando oliveras y carrascas y llevando consigo el sonar de los tambores que anuncian la Semana Santa. En verano, el frescor de la sombra en un paseo por el zigzaguear de los Tapiados e incluso la humedad del musgo y el salpicar de sus manantiales. Y así, tantas sensaciones como días tienen las estaciones que me gustaría compartir con ese hipotético forastero.

Pero los sentidos están ligados a la imaginación y de esa sensibilidad cada uno sabe lo suyo. Los sentidos despiertan a la imaginación, y ésta motiva a los anteriores. Tan personal que es tarea difícil compartirlo. Sólo un buen escritor o un buen contador de historias sabría hacerlo. Y nuestros mayores lo consiguen. Nos hacen partícipes de sus vivencias, de sus peripecias en esos rincones de Barbastro. Hasta darnos cuenta que, pese a lo fugaz de la vida, hay legados, herencias que nos dejan para su recuerdo. Quizás no sentiremos lo que ellos, pero nos han transmitido esos lugares ofrecidos ahora a nuestros sentidos y nuestra imaginación.

Deberíamos lamentarnos de perder con los años esa capacidad propia de imaginar, pero más debería dolernos el acabar con los pequeños detalles, los rincones que mueven el motor de los sentidos. Si bien la merma de facultades es irremediable, sí que podemos poner los medios para evitar acabar con los lugares, rincones, oasis o como queramos llamarlos. Y no hay excusa ni resignación sino la capacidad de imaginar otras soluciones y así crear nuevos rincones: imaginar soluciones no es soñar lo inalcanzable, sino poner en práctica soluciones imaginativas.
Soluciones que hubieran evitado acabar, por ejemplo, con la Estación del Ferrocarril imaginando un vial en un sentido delante y otro en sentido contrario detrás de la misma, rodeando sus escaleras de vegetación y con su elegante palmera, como en el mejor de los oasis.

Soluciones que se han de poner en práctica para que lo práctico no sea agrandar, alinear, destruir, sino conservar y adaptar a nuevos usos. Soluciones para el siguiente oasis en riesgo: los Tapiados.

Mientras unos imaginan, donde antes pisaban las vías del tren, sendas verdes en las que pasear tranquilamente a pie o en bicicleta, otros parece que preferimos ver estos y otros lugares agonizar, morir. Es inaceptable ser espectadores de la piqueta. Los Tapiados, en su agonía como mero paso de coches a los huertos o a las fincas, reclaman que los imaginemos como una vía donde convivan motor y paseo. Reclaman ser una vía de un solo sentido. Reclaman a nuestra imaginación un puente desde la Cospillera al Campo San Juan para unir con un vial la faraónica rotonda de Las Huertas de Suelves con la antigua entrada a Barbastro bajo las Capuchinas. Unir Barrios.

Los Tapiados, en su personificación, prefieren seguir viejos pero dignos, con esencia. Piden seguir viendo pasear a los barbastrenses junto a la hierba de su senda y acompañarlos hasta su huerta o a visitar a su viejo amigo el Puente de Santa Fe, con el que querría ser recordado no por la amenaza que hoy les acecha (*), sino para otros menesteres.

Protección en todo caso para estos viejos amigos que nos hablan, al igual que nuestros abuelos, de tiempos pasados. De lo que aquí hubo. Una voz que nos reconforta. Como un oasis en el desierto.

(*) Se está elaborando un plan urbanístico para mejorar el trazado del Camino de los Tapiados que acabará con los muros que le dan nombre.

***

martes, 26 de octubre de 2010

MaraVillas de la Belle Époque


Cuentan que la elegante dama vino en el último tren del siglo XIX. Había bajado de uno de aquellos ruidosos convoyes de vapor que, cargados de aires de otras estaciones, llegaban con receloso retraso. Trenes y pasajeros que daban vida a las muertas vías de la capital del Vero.

La ciudad, aunque acostumbrada al paso de forasteros y comerciantes, sentía especial recelo hacia aquella mujer vestida de finas puntillas, orgulloso sombrero y práctica sombrilla. Recelo porque parecía decidida a quedarse y a revolucionar a las mozas de bastos delantales, pesados cántaros e inmensos canastos de ropa que lavar de rodillas.
Apodaban a aquella optimista dama la Belle Époque.

Nada más llegar destapó su frasco de aromas afrancesados, impregnando los alrededores de la ciudad y motivando los sentidos de sus habitantes. A todos agradaba ese olor a modernidad con un toque ácido, a la vez que reposado. Los barbastrenses, inmersos en sus quehaceres, sentían estos aromas distintos, ideales para salir de la rutina diaria.
La Belle Époque salía, al atardecer, por los caminos de acceso a la ciudad. Poco le importaba que aún fuesen de tierra, porque para ella no eran carreteras sino verdaderos Paseos, arcos triunfales de la ciudad. Y los adornaba con adoquines y con la fresca sombra de frondosos árboles, parándose en cualquier banco para dar conversación sobre nuevos tiempos y nuevas mentes que habrían de venir. Ella sólo buscaba salir de las estrechas calles, de la compacta fortaleza llamada ciudad. Libertad a fin de cuentas.
Los caminos comenzaron entonces a salpicarse de bellas amapolas de colores eléctricos y gustos eclécticos: las torres o villas -denominación ésta más al gusto de la época-. Las casetas de labranza de adobe y tapial daban paso a casas de recreo de ventanas venecianas, molduras de cemento y hierros ondulantes. Las tierras de labranza cedían parte de su espacio a porches con fuentes, bancos y a especies vegetales: rosales, claveles, hiedras… que competían en exótica decoración.

La Belle Époque, como alternativa al feudo masculino que identificaba la casa principal, fue bautizando sus villas con románticos nombres de mujer, como Villa Rosario (con su coqueto quiosco) o Villa Elena (de vivos azulejos). Y con otros nombres más distendidos, como Torre Calcetín.

Estas construcciones, verdadero capricho y mimo de sus moradores, eran estandartes del gusto moderno y de la satisfacción social. Segunda residencia en muchos casos y vivienda en otros. Lugares de escapada para los sofocantes calores del verano y discretos solariums ajenos a indiscretas miradas que observaban con envidia el nacimiento de nuevos privilegios. El mero hecho de disfrutar del campo sin considerarlo sustento era la más preciada de las joyas.
De arquitectura sencilla, las villas contaban con todo lo necesario para pasar largos días de asueto, de revoltosos juegos de niños, de comidas familiares, de hospitalidad con el paseante, de charlas y tertulias. Conversaciones bajo una parra de la que asomaban brillantes racimos o bajo un vibrante cielo de estrellas. Olor a chimenea y sueños a la fresca de una nueva época.

Al atardecer de años más tarde y sin esperarlo, sobre la ciudad, sobre los campos y sus villas, el vuelo de golondrinas se transformaría en el planear de murciélagos de guerra. Y se hizo la noche.

El hambre y la destrucción obligó a la dama a refugiarse bajo el amparo de la ciudad. La Belle Époque, que se dejaba llevar por el tiempo, también tuvo su decadencia. Su bello rostro, maquillado tras la Primera Guerra Mundial, comenzó a cuartearse de nuevo. Los vecinos aceptaron que la Belle Époque debía ser una moza más de manos trabajadoras. Comprendieron la necesidad de que las villas abandonaran el recreo y sirvieran como casas de huerta. Comenzaba una condena a todo lo ostentoso.
Tras lenta agonía la dama murió, dejando su fragancia en varios rincones de Barbastro donde todavía se la recuerda por su personalidad serpenteante y viva, hecha formas y molduras; por su libertad, en sus villas, en la lejanía de la masificación urbana. En definitiva, por ser especial y diferente. Eso es lo que ha de permanecer.

Nuestra particular Belle Époque merece toda nuestra atención, particulares e instituciones. Pero no sólo atención a edificios sino a entornos, puesto que de nada sirve conservar una villa ahogada y amenazada por obras mastodónticas, sin que disfrute de una amplia zona de vegetación y de recreo. Esperamos, expectantes, la catalogación y protección de estos espacios. Debemos dar la oportunidad para que el patrimonio maraville la vista y la memoria, para dar nuevos aires a la historia de igual forma que ella nos los brindó en un frasco de esencia modernista.

*

Algunas de estas construcciones denominadas torres o villas han tenido el beneplácito de sus moradores, quienes hoy, con sumo mimo vuelven a dar vida a sus paredes. Desde aquí un agradecimiento a todos ellos por mantener viva la memoria arquitectónica y así poder contemplarlas en esencia, como Villa Adela en calle Torreciudad, Villa Elena en Avda. Pirineos (año 1929) y Villa Rosario en Crta. Cregenzán (1930) de curiosa escalera de acceso. Otras construcciones ya no existen, como la típicamente modernista Casa Valle (1934) en Avda. Ejército Español; otras, malheridas por el paso de las épocas sobreviven como la Torre Calcetín (1915) en el desvío a El Pueyo en la N-240, Casa Valle o de Mora en avda. Pirineos (1914), la villa del Camino de los Tapiados (de interesante forjado) cuyo contorno ilustra estas lineas o, aunque no sea de la época, la villa de la calle Aínsa (inscripción de 1776).

·

Nota del bloguero: Texto publicado en el Extra Fiestas de El Cruzado Aragonés de septiembre de 2010.

Ilustración: Sergio Alonso (SerAlGo)

viernes, 17 de septiembre de 2010

Un sorbo de vida





El agua es sinónimo de vida. Indiscutible. Nuestra ciudad, al igual que otras, se creó a la vera de manantiales y de un río. Agua cómplice de baños en San Juan, de llenar el botijo de barro en el agua que brota por los caminos, de conversaciones de lavanderas a la orilla del Vero.
Así surgirían de la mano de los árabes las primeras fuentes, azudes, baños y acequias cuyos trazados generosamente regaban nuestras huertas y movían molinos con más vigor que cualquier combustible. Incluso siglos más tarde, de la fuerza del agua, surgió esa modernidad de nombre electricidad.

Pero con el desarrollo industrial y de nuevas energías se empezó a dar la espalda al río. Y lo que comenzó siendo una relación de iguales, se convertiría en una dominación humana sobre los recursos naturales. El agua empezaba a considerarse parte de los desechos y nuestras desagradecidas fábricas aprovechaban la potencia del agua y le devolvían sus residuos. Lo que no valía había que echarlo al río. Comenzamos a invadir su hasta entonces respetado e imprevisible espacio, construyendo en zonas de riesgo (Barbastro se expandió con el barrio de San Juan y con la plaza de la Diputación se bajó hasta el río; o sobre los barrancos que parecen mansos construyendo el Coso, General Ricardos o gran parte de nuestro Barrio); a verter residuos que llegaban a las aguas subterráneas. Las verdes huertas contaminaban las aguas con nuevos pesticidas.

Éste es un pasado presente. ¿Quién puede hoy darse un baño en San Juan? ¿Recordamos la fuente de San Francisco potable? ¿Qué origen tiene el olor del torrente del barranco de Bacamorta que hoy se vierte directamente al Vero? ¿Se controlan los movimientos de tierras en dicho barranco o cerca de la Boquera? Y esto por poner algún ejemplo…

De sobra es conocido que, a este ritmo, en décadas el agua será moneda de cambio y unos litros superarán al valor del barril del petróleo. Hoy ya vemos que es origen de enfrentamientos, de guerras, signo de poder y exclusión. Preciadas botellas de líquido mineral-natural contra desagradables grifos de agua potabilizada… Muchos de los síntomas que hoy vivimos hacen suponer que si no se toman medidas urgentes esto irá a más.

En tierras aragonesas sabemos lo que es vivir de y sufrir por el agua, de la fuerzas de los torrentes dormidos, de saber que tu pueblo nació por el agua y morirá por una obra hidráulica, de ríos cristalinos convertidos en riachuelos de espuma, de fango sin vida. Desde nuestro barrio hacemos un llamamiento al uso responsable, a cuidar nuestras fuentes y manantiales, a apreciar cada sorbo de vida. De todos, instituciones y ciudadanos depende no olvidar la lección aprendida.
.
Fotografía: Archivo de Luis Sambeat.
.
Nota del autor: Este texto fue redactado por mí para el programa de las recuperadas fiestas del barrio de San Joaquín de Barbastro (Julio de 2010). Después de semanas recupero el blog y recupero el trabajo habitual pero, como iréis viendo, en el verano no he parado de pensar en lo que "aquí hubo".

miércoles, 30 de junio de 2010

Las Fiestas, un alto en el camino













Vecinos, Comarcanos, Forasteros... ¡Ya han comenzao las fiestas!...

Esta frase, que parece sacada de un Pregón de fiestas, no es más que el fiel resumen de los días festivos. Días en que se celebra y se recibe al visitante. Paréntesis de las faenas del resto del año. Manga ancha para quitarse los complejos de encima.

No hablaré de la fiesta grande de Barbastro, allá por el mes de septiembre, sino de las de los Barrios y, en especial, de uno concreto: el Barrio de San Joaquín, que este año renace como asociación de vecinos para hacer piña y hacerse oir.


La fiesta, como he citado, es la culminación de un trabajo extensivo a todo el año. Una pieza más del tejido asociativo del que bien sabe nuestra ciudad. Por eso lo importante es que hay asociación y que ésta ha trabajado intensamente para constituirse y, ahora, lo celebra y lo quiere compartir con amigos, forasteros y comarcanos.

Estas fiestas Sanjoaquineras van dedicadas a crear conciencia de Barrio (de ahí el pañuelo, el cachirulo del cartel) y, cómo no, dedicadas al agua. Agua que vertebra el barrio y que forma parte del logotipo de la asociación. Os invito a arrimar el hombro y a celebrar con nosotros (yo formo parte del Barrio) estos días de fiesta.



Fotografía antigua: Pasacalles del Barrio, al fondo, la bandera (cedida por la familia Soler).

Cartel: Cartel de fiestas, homenaje al cachirulo del Barrio (autor, Sergio Alonso).

martes, 18 de mayo de 2010

Vieja estampa y nueva imagen para el Paseo del Coso

Me encanta la claridad del granito con el que cubren los nuevos espacios urbanos, así se potencia la venta de gafas de sol. También me encanta cómo se agrietan esas losas de pocos centímetros de grosor. Ni qué decir lo que disfruto de los charcos y que cuando llueve se convierta el granito en una pista de patinaje. Y lo que más me gusta de todo es cómo se nota la suciedad. Color poco sufrido, diría mi madre.






Está bien claro que una ciudad tiene que avanzar, pero también ha de cuidar los espacios urbanos recientes con el mantenimiento. No me cabe en la cabeza que presenten el nuevo Coso a bombo y platillo cuando la plaza de la Primicia está que da pena, cuando día sí y otro también hay una baldosa rota en el Mercado o hay unos charcos de campeonato en el entorno de la Catedral. La calle Monzón se ha deshumanizado y hay bastantes calles todavía sin urbanizar. Hay jardines que parecen un escaparate de floristería y otros un secarral.

En definitiva, Barbastro es una ciudad de contrastes: el casco antiguo parece lo nuevo y lo nuevo parece... no sé lo que parece la zona nueva. El granito del centro contrasta con las discutibles y biodegradables baldosas rosas y grises de la zona nueva.

Lo que me lleva a esta reflexión es que deberíamos hacer siempre una reflexión antes de crear nuevos espacios, garantizando su mantenimiento y uso ciudadano.



El Coso lo será, confío en ello. Es más, me gusta. Me gustará menos los días de lluvia, seguro, y porque estos espacios se parecen tanto entre sí con otras ciudades... Y lo que es cierto es que será una nueva imagen que contrasta con la vieja estampa que nos trae la memoria, con otras viejas estampas que merecen nuestro cuidado.


Fotografía: proyecto de Juan Luis Solano
Fotografía antigua: dipty.com


Nota del bloguero: ¿Os habéis fijado que en el fotomontaje el Coso conservará la antigua barandilla? Lo dicho, tierra de contrastes...

domingo, 25 de abril de 2010

Los niños ya no juegan en la ermita del Plano








Hace un par de semanas decidí pasear por los alrededores de Barbastro para grabar unas imágenes en video de los campos. Por cierto, cada vez menos "campos" y más víctimas contanimadas de construcciones, postes de la luz, carteles, etc.







Pensé que el camino rural hacia el Santuario de El Pueyo no me defraudaría: campos extensos salpicados de carrascas, olivos y almendros.
Hacia allí me dirigía cuando me encontré, nada más salir de Barbastro, con el desvío a la ermita de la Virgen del Plano. La curiosidad me invadió con ánimo de recordar tiempos pasados. Así que cambié el rumbo hacia allí.







Mi memoria recordaba un trayecto mucho más largo. Pero no, qué alivio al comprobar que no hay que caminar tanto.
Lo que no recordaba tanto son dos cosas: una, el camino asfaltado y otra, que hay varias casas habitadas en las inmediaciones.
Sabía lo que me iba a encontrar. Hace unos años ya fue noticia la profanación del templo y el robo de la campana.

Pero la sorpresa al llegar al lugar es mucho mayor: es una destrucción completa. Ni bancos, ni columpios, ni puertas, ni paredes han pasado inadvertidas a la acción de los vándalos.
Vuelven a surgir vertederos de basura incontrolados. Y no se ve el final de esta agonía.


¿Cómo un lugar tan frecuentado por familias, por niños, ha podido acabar así? ¿Estamos a tiempo de hacer algo por esta zona de juegos y meriendas? ¿Volverán los chapuzones en la piscina?


Los árboles, en su cita veraniega, van a cubrir con sus verdes ramas el cauce del río, tapando la vergüenza de lo que hoy se ha convertido, lo que un día fue una bonita tarde de torta con chocolate.

Mientras reflexiono, un padre y su hijo pasan a mi lado. Van armados de cañas de pescar. El niño me saluda y más tarde, pensando que no le oigo, dice a su padre sorprendido: "¡papá, está haciendo un reportaje para la tele!". Para él ese lugar tiene magia. Para mí, la magia es pensar que, pese a la ruína, este teatro cumple su función.























Imágenes en blanco y negro:
Puente colgante, web: barranque.com
Ermita: usuario "uselio" de flickr.com

sábado, 3 de abril de 2010

Réquiem por un árbol

Qué tiempos aquéllos en los que los árboles eran señas de identidad urbana: el acceso por las principales avenidas (en las que se podía pasear en verano bajo la sombra), el paseo del Coso, el paseo de los Amantes... daban exclusividad y un ámbiente romántico. Los árboles se hacían centenarios, imponentes.

En tiempos, un árbol, una zona verde, era el centro sobre el que se desarrollaba el urbanismo del entorno. Ahora, si sobra sitio se planta una especie, bonita, pero que no se desarrolle más de la cuenta para no herir el asfalto.

¿Quién se acuerda ya del crimen de las moreras de carretera Cregenzán? O de la tala de plataneros de la plaza de Guisar de los que, afortunadamente, se indultó uno que impone su presencia en un urbanismo estandarizado y que constata que allí hubo comercio, molino y animadas noches de verano a la fresca.

Hoy os hablaré de un árbol que quiso ser y no fue. Una historia real en forma de cuento.



Sepan ustedes que hubo un pedacito de tierra abierto entre cientos, miles, millones de adoquines danzarines. De este pedacito de tierra surgía la vida: un escuálido tronco de un proyecto de frondosa sombra.

La misma mano que años atrás había talado la vida de sus robustos antecesores era ahora la que le obligaba a crecer en la radiante plaza nueva. Eso sí, su nueva vida, en un privilegiado emplazamiento, se hacía una agonía: los adoquines atragantaban su tronco y ahogaban sus raíces. Tanto, que el pedacito de tierra del que brotaba era casi inexistente.

Tímido, el fino tronco se esmeraba cada año en abrir sus hojas al caluroso sol. Él sabía que antes que él hubo otro, y antes de ése hubo otro más, que no habían resistido firmes al sol en formación con otros de su mismo batallón arbóreo.

Aguantó ser aplastado por un camerino festivo y empujones de algún que otro senil conductor nobel; -¿la señal no indica zona de paso restringida? -se decía. Pese a todo era buen vecino y tuvo que tragar cambios de aceite en talleres improvisados y la fumata de hierbas que le provocaban la risa. Hasta en son de buena vecindad estuvo a punto con sus ramas de batir palmas al son de la rumba.

Pese a su juventud se sentía abuelo, condenado a mantenerse erguido gracias al apoyo de un tronco inerte al que lo apresaban. Pero consiguió lo que otros no hicieron: ver pasar dos primaveras y pronto llegaría la tercera y, seguramente, le liberarían de esa atadura.
Poco antes de abril alguien colocó un vallado en la plaza, su casa. Una gran celebración. ¿Quizás una obra que lo protegería? ¿Harían alrededor de su tronco un cuadrado de tierra para respirar? Las vallas se iban moviendo al compás de las obras. Y se acercaron a él, tanto, que estrecharon el espacio por el que circulaban los coches. Llegaron a rozarlo, una y otra vez, hasta que un golpe fue tan certero que lograría herirlo de muerte. Tumbado ya sobre la plaza soltaba su última savia como lenta agonía.


Muchos de los que allí pasamos lo oímos lamentarse, pero no lo levantamos. Él sabía su destino. Aún así pedía que su pedacito de tierra, defendido hasta la muerte, fuese ocupado con una nueva vida y, si los responsables municipales le dejaban, rogaba ser convertido en mástil que apoyase al nuevo inquilino.

Pero ninguno de sus deseos se cumplió. Sobre el pedacito de tierra una orden de lo alto echó cemento; y los adoquines ganaron nuevos territorios. Y cerraron su herida como lo hicieran con los árboles que allí habitaban antes de la colosal urbanización. Como una cruel burla en una de las vallas figuraba su destino escrito: “poda de árboles”. No era la intención de la obra, pues las vallas se habían reutilizado sin quitar el cartel, pero resultó ser un mal augurio de una mala “poda” que ahora escribo a modo de réquiem.