jueves, 30 de octubre de 2014
Tiempo de lentos paseos...
Llevar toda la tarde sentado frente al ordenador y encontrar, descubrir esta imagen me supuso una gran alegría.
Entre otras muchas fotografías carentes de colores, ésta los poseía sin mostrarlos: tonos otoñales... e incluso llegaba a oler: a humedad, a los primeros calientes humos del otoño...
Unos personajes tranquilos en un camino tranquilo, despojado de la animación del verano y de los árboles que lo vestían antaño. Nuevas casas, llenas de color, en una foto en blanco y negro.
Sí, una fotografía, como todas las fotografías estática, que invita a tomar la vida con más calma, como un paseo. Ahora que llega el letargo del frío y de los colores, paseemos...
FOTOGRAFÍA: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=210873279091728&set=a.115097615335962.17740.100005071724360&type=3&theater
viernes, 7 de febrero de 2014
NUEVAS SOLUCIONES, VIEJOS PROBLEMAS...
Muchas veces vivir en el centro antiguo es vivir con sensación de inseguridad. Inseguridad por el estado de la construcción, inseguridad por algunos vecinos... ruina que llama a ruina.
Pero no me quiero desviarme de lo que quería explicar hoy, a raíz de una foto encontrada en Facebook. Una foto en blanco y negro de los años 70 del pasado siglo (hace 40 años) y que mostraba (y muestra todavía) que el centro de una ciudad (el casco antiguo) no estaba hecho para los avances de la vida moderna. Las estrechas, las sinuosas calles se quedaban pequeñas para acoger a nuevos habitantes: los autobuses, los camiones, cada vez más grandes, más largos, más altos... más amenazantes.
Así que esto fue provocando la desaparición de casas, de puertas de ciudad, de cuellos de botella que, casualidades de la vida, muchas eran casas imponentes y llenas de valor.
Pero volviendo a la fotografía (un camión empotrado en unos locales). Decir que lo sorprendente es la solución: se hizo una variante alternativa a la carretera nacional que pasaba, como en otras muchas localidades, por pleno centro. Había mil planes, mil ideas de ir tirando casas con porches y casas en zonas estrechas. Alguna pereció, como la casa de ladrillo, imponente y robusta, del comercio que se ve al fondo (Confecciones Lacambra), pero, afortunadamente muchas otras se salvaron.
Barbastro perdió algo de economía, pero ganó en seguridad vial. El tiempo ha dado la razón: hoy por hoy, si no puedes ofrecer un atractivo, ningún vehículo se detiene ni para echar gasolina.
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Fotografía: Antonio Latorre ( https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1405772909672597&set=a.1381789788737576.1073741827.100007197040114&type=1&theater )
lunes, 8 de abril de 2013
Manos a la obra... los niños que jugaron
También se unieron vecinos del barrio cercano de Santa Bárbara, que ya reivindicaron el estado de esta ermita y su entorno con su carroza en el Pasacalles del Pregón del año pasado.
Humildes manos con grandes intenciones.
Transcribo el texto que El Cruzado Aragonés ha publicado en Facebook:
La “quedada” organizada por Pili Toro y Pablo Jurado a través de redes sociales, el “boca a boca” y la cartelería, reunió ayer a 65 personas, de todas las edades, para limpiar los alrededores de la emita de la Virgen del Plano, dependencias de la iglesia -lo que queda de ella- cocinas y 78 de las 112 escaleras de acceso a la antigua “pasarela colgante” sobre el río Vero. El balance de la jornada dejó 5.000 kilos de escombros entre interiores y exteriores, dos contenedores llenos de basuras y montones para tres más, numerosos “fajetes” de ramas secas, 65 tablones y maderas extraídas del interior y alrededores. En la escalinata de acceso a la pasarela colgante se aprecian las referencias comerciales de quienes pagaron cada peldaño gracias a la paciencia en tareas de cortar hierbas, limpiar y talar dos árboles caídos que impedían el paso.
Y a mí me deja una pregunta que me la estoy haciendo muy, muy a menudo: ¿Dónde fue el dinero de las vacas gordas? ¿Por qué se ha de llegar a este grado de dejadez para actuar?
Fotografía: El Cruzado Aragonés.
Fecha: 08/04/2013
Nota: Existe en este blog una entrada sobre el estado de esta ermita del 25/07/2010 - http://aqui-hubo-barbastro.blogspot.com.es/2010/04/la-ermita-de-el-plano-excursion-ninguna.html
sábado, 23 de julio de 2011
Una fiesta para elogiar "horrores"
La Asociación de Vecinos no quiere dejar de lado su historia ni sus raíces, así que siempre se hará referencia al pasado. No es nostalgia, sino reafirmar de dónde venimos, tener identidad. De ahí que el cartel de este año sea una mezcla de fotografías de antaño y actuales, mezcladas, sin tener más importancia unas por encima de otras y cuyos colores forman el logotipo del Barrio: la J.
Os dejo con un artículo escrito para el programa de fiestas de San Joaquín de este año 2011, en el que se recuerdan las fiestas del año 1948. Enrique Padrós conversó con Justina Pallás y yo redacté, lo más fiel posible a las palabras de ella, este relato:
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En el programa de fiestas del pasado año, Fernando Noguero hizo un repaso a la historia más reciente de nuestro barrio. En su artículo destacó las sonadas fiestas del barrio del año 1948 en la que tuvo una gran repercusión, incluso provincial, la carroza de la calle Calvario. En esta ocasión os contamos la historia, en primera persona, de una de sus protagonistas, Justina Pallás.
"Ese año se preparaban las fiestas del barrio, en agosto, con sus carrozas. No tenía ni los 18 años, ni tampoco andaba muy animada porque estaba a punto de operarse mi madre. Me llamó mi padre a la fábrica(1) y allí estaban todos, pero no quise entrar a la reunión. –¿Y tú no entras o qué, tú? –me decían. Incluso mi padre: –¿Cómo que no quieres salir? Qué salga la zagala–. Todas se apuntaron.
Todas las noches íbamos
a casa Guadalupe (Gistau), después de cenar, a preparar los vestidos. Las pruebas se hacían en su tienda y allí comprábamos algunos flecos, aunque la una traía una cosa, la otra otra. Cosas buscadas.Yo fui con un camisón de una, nuevo, de esos que presentaban antes cuando se hacían modistas. Un entredós... Y pocas cosas compramos: tela para el chaleco -que aún tengo por ahí-; para el velo de todas tela de viso; los adornos de la falda los hicimos con papel dorado y lentejuelas; para las alpargatas unas plantillas y el mismo papel aunque luego, en la carroza, iríamos descalzas.El artesonado puede ser que fuera del carpintero José, el de Noguero, recuerdo que estaba allí cuando subimos, para ayudarnos. El brasero de la de Zapatillas, la alfombra (2) no sé muy bien...
Llegó el día. Salíamos de casa Español, del almacén de trigo que daba a la calle Los Cubos. Yo con cara de sueño. Erminia Zamora (3) nos maquilló -con un papel de fumar me quitaba pintalabios para que no se me corriera) y después de arreglarme... José Vicente (Guirotti) me dio la mano al subir la escalera del almacén y se quedó todo asombrado (estaban acostumbrados a verme de otra manera...). Ese día iba llena de pulseras, y muchas buenas... hasta por las piernas y todo.

Llegamos al lugar de concentración. No sabría decirte cuántas carrozas de otras calles eran. Sólo recuerdo que de la calle Mayor salieron de 'chulonas'. Guadalupe y Milagros (Español) fueron a dar una vuelta para ver el resto de carrozas. –Ya podéis ir tranquilas, que la mejor, ésta –nos dijeron. Tirada por las caballerías de Casa Zacarías, salimos, todos aplaudían...
Sí, resultó lo que no se esperaba. Todos locos de contentos. Y todo porque se tomaron mucho interés Milagros y Guadalupe. Y los hombres lo mismo, porque estaba José Vicente, Pepe (Gistau), el de Arqué (José María)... como mayores y como representación incluso por las casas.
Al llegar a mi casa me encuentro que bajaba la escalera la señora Josefa (Nevot), que me dijo: –He venido a darle la enhorabuena a tus padres–. Por la tarde a los toros ya no fui. A la carroza sí, había dado mi palabra porque mi padre se puso serio.
Al día siguiente de la fiesta fui a la plaza para un encargo 'pa' la huerta. Estaban Pepe, José Vicente... Me dijeron: –Ven, mira cómo os ponen aquí–. Era la Nueva España. Venía un escrito (4) en el que nos elogiaban 'horrores'.

Recuerdo que todos estaban allí. Todos ayudaron."
(1) Fábrica de harinas "La Verense", conocida como "Moliné".
(2) Posiblemente una colcha de casa Español.
(3) Erminia trabajaba en los distinguidos Almacenes de San Pedro y fue la primera mujer que constaba como miembro de la Comisión. Ella y Guadalupe se fotografiaron con el traje de XXX e incluso Guadalupe hizo iluminar (colorear) y ampliar sus fotografías.
(4) El cronista Cambra escribe: (...) A las doce se celebró el tradicional pasacalles de lujo, en el que cada calle del barrio presentó una carroza típica, mereciendo todos los elogios la del Calvario, denominada "El Oriente Exótico...", donde lindas muchachas ataviadas a estilo oriental, nos hacían recordar las bellezas del Oriente en nada envidiables a estas bellezas barbastrenses; infinidad de cabalgaduras, con típicos baturros y lindas mañicas a la grupa, completaban este vistoso pasacalles (...)
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Fotografía en B/N: Archivo de Justina Pallás.
Cartel de fiestas: Sergio Alonso.
viernes, 14 de enero de 2011
Los Tapiados, tranquilos de momento, mandan el tráfico "a paseo"
Hace ya varios año
s el Ayuntamiento de Barbastro informaba de una importante "idea" urbanistica para ampliar el camino de los Tapiados aunque requería la expropiación de multitud de fincas y la desaparición de las tapias que le dan nombre. Afortunadamente los técnicos de la Diputación de Huesca se han adelantado y han apostado por una solución más práctica: hacer pasar el tráfico donde las calzadas son más anchas (zona Las Huertas) y conectarla con el Eje del Vero (carretera que lleva a Alquézar y las Bodegas) a través del Barrio de San Juan. Solución ésta que no se aleja del casco urbano y soluciona muchos de los problemas del centro de la ciudad, donde los coches se encuentran en un callejón sin salida o enredados de la maraña de calles (calles de un sólo sentido, lógico por la falta de amplitud pero caótico para la circulación vial).Vaya, quién lo iba a pensar, esta solución se me antoja lógica y familiar. Me alegro y mucho. De hecho, hace unos años escribí para El Cruzado Aragonés una carta en la que echaba de menos soluciones imaginativas ante la amenaza a los Tapiados por parte del Ayuntamiento.
Nota del autor: el texto que sigue, es un artículo de opinión que escribí para El Cruzado Aragonés en diciembre de 2007.
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AÚN NOS QUEDAN OASIS
Todavía conserva Barbastro esos pequeños oasis que acomodan al que los habita y al que viene de paso, a uno en su quehacer diario, al otro en su descubrimiento de lugares y gentes.
Oasis a los que me gusta llamar rincones. Sí, rincones. Allí donde aparece lo extraviado, donde el niño pequeño se esconde y crea su mundo, donde se acumula el polvo con el paso del tiempo, donde se amontonan los recuerdos en trastos viejos de los que cuesta desprenderse.
Si un forastero pidiera consejo para qué visitar, me quedaría pensando en mis particulares rincones. Recordaría la Catedral, San Francisco y su fuente, la Plaza del Mercado y hasta la Peñeta. Pero por encima de todos éstos que aparentan ser inmortales -y recalco: aparentan-, me vendrían al recuerdo otros oasis más placenteros: las sensaciones. En invierno el olor a estufa de leña, cruzando el recio Puente del Portillo cubierto por una espesa niebla entre sus barandas de cemento. La primavera se vería envuelta por el viento, y éste crearía nuevos sonidos azotando oliveras y carrascas y llevando consigo el sonar de los tambores que anuncian la Semana Santa. En verano, el frescor de la sombra en un paseo por el zigzaguear de los Tapiados e incluso la humedad del musgo y el salpicar de sus manantiales. Y así, tantas sensaciones como días tienen las estaciones que me gustaría compartir con ese hipotético forastero.
Pero los sentidos están ligados a la imaginación y de esa sensibilidad cada uno sabe lo suyo. Los sentidos despiertan a la imaginación, y ésta motiva a los anteriores. Tan personal que es tarea difícil compartirlo. Sólo un buen escritor o un buen contador de historias sabría hacerlo. Y nuestros mayores lo consiguen. Nos hacen partícipes de sus vivencias, de sus peripecias en esos rincones de Barbastro. Hasta darnos cuenta que, pese a lo fugaz de la vida, hay legados, herencias que nos dejan para su recuerdo. Quizás no sentiremos lo que ellos, pero nos han transmitido esos lugares ofrecidos ahora a nuestros sentidos y nuestra imaginación.
Deberíamos lamentarnos de perder con los años esa capacidad propia de imaginar, pero más debería dolernos el acabar con los pequeños detalles, los rincones que mueven el motor de los sentidos. Si bien la merma de facultades es irremediable, sí que podemos poner los medios para evitar acabar con los lugares, rincones, oasis o como queramos llamarlos. Y no hay excusa ni resignación sino la capacidad de imaginar otras soluciones y así crear nuevos rincones: imaginar soluciones no es soñar lo inalcanzable, sino poner en práctica soluciones imaginativas.
Soluciones que hubieran evitado acabar, por ejemplo, con la Estación del Ferrocarril imaginando un vial en un sentido delante y otro en sentido contrario detrás de la misma, rodeando sus escaleras de vegetación y con su elegante palmera, como en el mejor de los oasis.
Soluciones que se han de poner en práctica para que lo práctico no sea agrandar, alinear, destruir, sino conservar y adaptar a nuevos usos. Soluciones para el siguiente oasis en riesgo: los Tapiados.
Mientras unos imaginan, donde antes pisaban las vías del tren, sendas verdes en las que pasear tranquilamente a pie o en bicicleta, otros parece que preferimos ver estos y otros lugares agonizar, morir. Es inaceptable ser espectadores de la piqueta. Los Tapiados, en su agonía como mero paso de coches a los huertos o a las fincas, reclaman que los imaginemos como una vía donde convivan motor y paseo. Reclaman ser una vía de un solo sentido. Reclaman a nuestra imaginación un puente desde la Cospillera al Campo San Juan para unir con un vial la faraónica rotonda de Las Huertas de Suelves con la antigua entrada a Barbastro bajo las Capuchinas. Unir Barrios.
Los Tapiados, en su personificación, prefieren seguir viejos pero dignos, con esencia. Piden seguir viendo pasear a los barbastrenses junto a la hierba de su senda y acompañarlos hasta su huerta o a visitar a su viejo amigo el Puente de Santa Fe, con el que querría ser recordado no por la amenaza que hoy les acecha (*), sino para otros menesteres.
Protección en todo caso para estos viejos amigos que nos hablan, al igual que nuestros abuelos, de tiempos pasados. De lo que aquí hubo. Una voz que nos reconforta. Como un oasis en el desierto.
(*) Se está elaborando un plan urbanístico para mejorar el trazado del Camino de los Tapiados que acabará con los muros que le dan nombre.
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martes, 26 de octubre de 2010
MaraVillas de la Belle Époque

Cuentan que la elegante dama vino en el último tren del siglo XIX. Había bajado de uno de aquellos ruidosos convoyes de vapor que, cargados de aires de otras estaciones, llegaban con receloso retraso. Trenes y pasajeros que daban vida a las muertas vías de la capital del Vero.
La ciudad, aunque acostumbrada al paso de forasteros y comerciantes, sentía especial recelo hacia aquella mujer vestida de finas puntillas, orgulloso sombrero y práctica sombrilla. Recelo porque parecía decidida a quedarse y a revolucionar a las mozas de bastos delantales, pesados cántaros e inmensos canastos de ropa que lavar de rodillas.
Apodaban a aquella optimista dama la Belle Époque.
Nada más llegar destapó su frasco de aromas afrancesados, impregnando los alrededores de la ciudad y motivando los sentidos de sus habitantes. A todos agradaba ese olor a modernidad con un toque ácido, a la vez que reposado. Los barbastrenses, inmersos en sus quehaceres, sentían estos aromas distintos, ideales para salir de la rutina diaria.
La Belle Époque salía, al atardecer, por los caminos de acceso a la ciudad. Poco le importaba que aún fuesen de tierra, porque para ella no eran carreteras sino verdaderos Paseos, arcos triunfales de la ciudad. Y los adornaba con adoquines y con la fresca sombra de frondosos árboles, parándose en cualquier banco para dar conversación sobre nuevos tiempos y nuevas mentes que habrían de venir. Ella sólo buscaba salir de las estrechas calles, de la compacta fortaleza llamada ciudad. Libertad a fin de cuentas.
Los caminos comenzaron entonces a salpicarse de bellas amapolas de colores eléctricos y gustos eclécticos: las torres o villas -denominación ésta más al gusto de la época-. Las casetas de labranza de adobe y tapial daban paso a casas de recreo de ventanas venecianas, molduras de cemento y hierros ondulantes. Las tierras de labranza cedían parte de su espacio a porches con fuentes, bancos y a especies vegetales: rosales, claveles, hiedras… que competían en exótica decoración.
La Belle Époque, como alternativa al feudo masculino que identificaba la casa principal, fue bautizando sus villas con románticos nombres de mujer, como Villa Rosario (con su coqueto quiosco) o Villa Elena (de vivos azulejos). Y con otros nombres más distendidos, como Torre Calcetín.
Estas construcciones, verdadero capricho y mimo de sus moradores, eran estandartes del gusto moderno y de la satisfacción social. Segunda residencia en muchos casos y vivienda en otros. Lugares de escapada para los sofocantes calores del verano y discretos solariums ajenos a indiscretas miradas que observaban con envidia el nacimiento de nuevos privilegios. El mero hecho de disfrutar del campo sin considerarlo sustento era la más preciada de las joyas.
De arquitectura sencilla, las villas contaban con todo lo necesario para pasar largos días de asueto, de revoltosos juegos de niños, de comidas familiares, de hospitalidad con el paseante, de charlas y tertulias. Conversaciones bajo una parra de la que asomaban brillantes racimos o bajo un vibrante cielo de estrellas. Olor a chimenea y sueños a la fresca de una nueva época.
Al atardecer de años más tarde y sin esperarlo, sobre la ciudad, sobre los campos y sus villas, el vuelo de golondrinas se transformaría en el planear de murciélagos de guerra. Y se hizo la noche.
El hambre y la destrucción obligó a la dama a refugiarse bajo el amparo de la ciudad. La Belle Époque, que se dejaba llevar por el tiempo, también tuvo su decadencia. Su bello rostro, maquillado tras la Primera Guerra Mundial, comenzó a cuartearse de nuevo. Los vecinos aceptaron que la Belle Époque debía ser una moza más de manos trabajadoras. Comprendieron la necesidad de que las villas abandonaran el recreo y sirvieran como casas de huerta. Comenzaba una condena a todo lo ostentoso.
Tras lenta agonía la dama murió, dejando su fragancia en varios rincones de Barbastro donde todavía se la recuerda por su personalidad serpenteante y viva, hecha formas y molduras; por su libertad, en sus villas, en la lejanía de la masificación urbana. En definitiva, por ser especial y diferente. Eso es lo que ha de permanecer.
Nuestra particular Belle Époque merece toda nuestra atención, particulares e instituciones. Pero no sólo atención a edificios sino a entornos, puesto que de nada sirve conservar una villa ahogada y amenazada por obras mastodónticas, sin que disfrute de una amplia zona de vegetación y de recreo. Esperamos, expectantes, la catalogación y protección de estos espacios. Debemos dar la oportunidad para que el patrimonio maraville la vista y la memoria, para dar nuevos aires a la historia de igual forma que ella nos los brindó en un frasco de esencia modernista.
*
Algunas de estas construcciones denominadas torres o villas han tenido el beneplácito de sus moradores, quienes hoy, con sumo mimo vuelven a dar vida a sus paredes. Desde aquí un agradecimiento a todos ellos por mantener viva la memoria arquitectónica y así poder contemplarlas en esencia, como Villa Adela en calle Torreciudad, Villa Elena en Avda. Pirineos (año 1929) y Villa Rosario en Crta. Cregenzán (1930) de curiosa escalera de acceso. Otras construcciones ya no existen, como la típicamente modernista Casa Valle (1934) en Avda. Ejército Español; otras, malheridas por el paso de las épocas sobreviven como la Torre Calcetín (1915) en el desvío a El Pueyo en la N-240, Casa Valle o de Mora en avda. Pirineos (1914), la villa del Camino de los Tapiados (de interesante forjado) cuyo contorno ilustra estas lineas o, aunque no sea de la época, la villa de la calle Aínsa (inscripción de 1776).
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Nota del bloguero: Texto publicado en el Extra Fiestas de El Cruzado Aragonés de septiembre de 2010.
Ilustración: Sergio Alonso (SerAlGo)
viernes, 17 de septiembre de 2010
Un sorbo de vida

Así surgirían de la mano de los árabes las primeras fuentes, azudes, baños y acequias cuyos trazados generosamente regaban nuestras huertas y movían molinos con más vigor que cualquier combustible. Incluso siglos más tarde, de la fuerza del agua, surgió esa modernidad de nombre electricidad.
Pero con el desarrollo industrial y de nuevas energías se empezó a dar la espalda al río. Y lo que comenzó siendo una relación de iguales, se convertiría en una dominación humana sobre los recursos naturales. El agua empezaba a considerarse parte de los desechos y nuestras desagradecidas fábricas aprovechaban la potencia del agua y le devolvían sus residuos. Lo que no valía había que echarlo al río. Comenzamos a invadir su hasta entonces respetado e imprevisible espacio, construyendo en zonas de riesgo (Barbastro se expandió con el barrio de San Juan y con la plaza de la Diputación se bajó hasta el río; o sobre los barrancos que parecen mansos construyendo el Coso, General Ricardos o gran parte de nuestro Barrio); a verter residuos que llegaban a las aguas subterráneas. Las verdes huertas contaminaban las aguas con nuevos pesticidas.
De sobra es conocido que, a este ritmo, en décadas el agua será moneda de cambio y unos litros superarán al valor del barril del petróleo. Hoy ya vemos que es origen de enfrentamientos, de guerras, signo de poder y exclusión. Preciadas botellas de líquido mineral-natural contra desagradables grifos de agua potabilizada… Muchos de los síntomas que hoy vivimos hacen suponer que si no se toman medidas urgentes esto irá a más.
En tierras aragonesas sabemos lo que es vivir de y sufrir por el agua, de la fuerzas de los torrentes dormidos, de saber que tu pueblo nació por el agua y morirá por una obra hidráulica, de ríos cristalinos convertidos en riachuelos de espuma, de fango sin vida. Desde nuestro barrio hacemos un llamamiento al uso responsable, a cuidar nuestras fuentes y manantiales, a apreciar cada sorbo de vida. De todos, instituciones y ciudadanos depende no olvidar la lección aprendida.
miércoles, 30 de junio de 2010
Las Fiestas, un alto en el camino

Vecinos, Comarcanos, Forasteros... ¡Ya han comenzao las fiestas!...
Esta frase, que parece sacada de un Pregón de fiestas, no es más que el fiel resumen de los días festivos. Días en que se celebra y se recibe al visitante. Paréntesis de las faenas del resto del año. Manga ancha para quitarse los complejos de encima.
No hablaré de la fiesta grande de Barbastro, allá por el mes de septiembre, sino de las de los Barrios y, en especial, de uno concreto: el Barrio de San Joaquín, que este año renace como asociación de vecinos para hacer piña y hacerse oir.

La fiesta, como he citado, es la culminación de un trabajo extensivo a todo el año. Una pieza más del tejido asociativo del que bien sabe nuestra ciudad. Por eso lo importante es que hay asociación y que ésta ha trabajado intensamente para constituirse y, ahora, lo celebra y lo quiere compartir con amigos, forasteros y comarcanos.
Estas fiestas Sanjoaquineras van dedicadas a crear conciencia de Barrio (de ahí el pañuelo, el cachirulo del cartel) y, cómo no, dedicadas al agua. Agua que vertebra el barrio y que forma parte del logotipo de la asociación. Os invito a arrimar el hombro y a celebrar con nosotros (yo formo parte del Barrio) estos días de fiesta.
Fotografía antigua: Pasacalles del Barrio, al fondo, la bandera (cedida por la familia Soler).
Cartel: Cartel de fiestas, homenaje al cachirulo del Barrio (autor, Sergio Alonso).
martes, 18 de mayo de 2010
Vieja estampa y nueva imagen para el Paseo del Coso


sábado, 3 de abril de 2010
Réquiem por un árbol
En tiempos, un árbol, una zona verde, era el centro sobre el que se desarrollaba el urbanismo del entorno. Ahora, si sobra sitio se planta una especie, bonita, pero que no se desarrolle más de la cuenta para no herir el asfalto.
¿Quién se acuerda ya del crimen de las moreras de carretera Cregenzán? O de la tala de plataneros de la plaza de Guisar de los que, afortunadamente, se indultó uno que impone su presencia en un urbanismo estandarizado y que constata que allí hubo comercio, molino y animadas noches de verano a la fresca.
Hoy os hablaré de un árbol que quiso ser y no fue. Una historia real en forma de cuento.
Sepan ustedes que hubo un pedacito de tierra abierto entre cientos, miles, millones de adoquines danzarines. De este pedacito de tierra surgía la vida: un escuálido tronco de un proyecto de frondosa sombra.
La misma mano que años atrás había talado la vida de sus robustos antecesores era ahora la que le obligaba a crecer en la radiante plaza nueva. Eso sí, su nueva vida, en un privilegiado emplazamiento, se hacía una agonía: los adoquines atragantaban su tronco y ahogaban sus raíces. Tanto, que el pedacito de tierra del que brotaba era casi inexistente.
Tímido, el fino tronco se esmeraba cada año en abrir sus hojas al caluroso sol. Él sabía que antes que él hubo otro, y antes de ése hubo otro más, que no habían resistido firmes al sol en formación con otros de su mismo batallón arbóreo.
Aguantó ser aplastado por un camerino festivo y empujones de algún que otro senil conductor nobel; -¿la señal no indica zona de paso restringida? -se decía. Pese a todo era buen vecino y tuvo que tragar cambios de aceite en talleres improvisados y la fumata de hierbas que le provocaban la risa. Hasta en son de buena vecindad estuvo a punto con sus ramas de batir palmas al son de la rumba.
Pese a su juventud se sentía abuelo, condenado a mantenerse erguido gracias al apoyo de un tronco inerte al que lo apresaba
n. Pero consiguió lo que otros no hicieron: ver pasar dos primaveras y pronto llegaría la tercera y, seguramente, le liberarían de esa atadura.Poco antes de abril alguien colocó un vallado en la plaza, su casa. Una gran celebración. ¿Quizás una obra que lo protegería? ¿Harían alrededor de su tronco un cuadrado de tierra para respirar? Las vallas se iban moviendo al compás de las obras. Y se acercaron a él, tanto, que estrecharon el espacio por el que circulaban los coches. Llegaron a rozarlo, una y otra vez, hasta que un golpe fue tan certero que lograría herirlo de muerte. Tumbado ya sobre la plaza soltaba su última savia como lenta agonía.

Muchos de los que allí pasamos lo oímos lamentarse, pero no lo levantamos. Él sabía su destino. Aún así pedía que su pedacito de tierra, defendido hasta la muerte, fuese ocupado con una nueva vida y, si los responsables municipales le dejaban, rogaba ser convertido en mástil que apoyase al nuevo inquilino.
Pero ninguno de sus deseos se cumplió. Sobre el pedacito de tierra una orden de lo alto echó cemento; y los adoquines ganaron nuevos territorios. Y cerraron su herida como lo hicieran con los árboles que allí habitaban antes de la colosal urbanización. Como una cruel burla en una de las vallas figuraba su destino escrito: “poda de árboles”. No era la intención de la obra, pues las vallas se habían reutilizado sin quitar el cartel, pero resultó ser un mal augurio de una mala “poda” que ahora escribo a modo de réquiem.

sábado, 20 de marzo de 2010
Ciudadanos, ¡circulen!... si pueden, claro
Inmersos estamos en el eterno debate sobre la circulación en la calle General Ricardos. Hay que recordar que el motivo de que se circule en una sola dirección se basa es descongestionar el tráfico en el centro, facilitar aparcamientos de carga y descarga para la actividad comercial y para crear un ambiente más propicio para la seguridad del peatón que pasea y compra.
Pero esto último, el peatón, debería ser lo principal a la hora de establecer criterios de circulación. Sin duda es el medio de transporte más ecológico y que propicia la economía basada en el turismo y en el pequeño comercio.

Y cómo no, ir a pie es el eje de la calidad de vida.
Pero lo mismo que se piensa en el fluir del tráfico, en las plazas de aparcamiento, etc. no deberíamos olvidar los obstáculos que aparecen en la ciudad: aceras de altura que parecen precipicios; que te dirigen a ninguna parte o a atravesar paredes; de ancho anoréxico en el que no cabe ni un solo peatón; sin rampas para minusválidos, carritos de bebé o carritos de la compra; y así un largo etcétera.
El colmo es que por cada intervención urbanística que se hace, surge una mano negra que planta una farola, una señal de tráfico o un contenedor. Afortunadamente puede tener solución.

Aquí el responsable no es sólo urbanismo, sino también la concejalía de servicios. Os aporto unas imágenes ilustrativas de lo que me encuentro en mi breve trayecto rutinario, del trabajo a casa, así que no me quiero ni imaginar lo que me dejo en el tintero.
Yo invito a los responsables a recordar conceptos tales como "molesta", "impide el paso", etc. y nos borren estos elementos que manchan (de lo antiestético hablaremos otro día) nuestro caminar diario.



